• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

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Brian Fincheltub

El desarraigo

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Lo padecemos y no nos damos cuenta, impulsados quizás por la polarización muchas veces no distinguimos entre despreciar al gobierno y despreciar lo nuestro, lo que nos une, los que nos identifica. Lamentablemente, Venezuela se convirtió en marca país de lo negativo y muchas veces eso no solo tiene que ver con nuestros pésimos gobernantes, sino de nuestro propio concepto de país. Indirectamente contribuimos a profundizar la crisis social que nos tocó vivir, ahogando a nuestra Venezuela en cuestionamientos permanentes y asumiendo la misma postura del médico que desahucia a un enfermo terminal. El desarraigo perfectamente pudiera llamarse el síndrome de “No me importa nada”.

Aunque pudiesen pensar lo contrario, estas líneas no están dirigidas a quienes toman como decisión de vida irse, metiendo en dos maletas todo aquello que algún día los ató con Venezuela. Están dirigidas a quienes nos encontramos dentro y tenemos en nuestras manos la responsabilidad de recuperar nuestro orgullo nacional, reconstruyendo lo que han derrumbado durante 15 largos años. Si nuestra postura frente al diluvio es taparnos los ojos, la corriente nos arrastrará también. Si no encontramos mejor solución frente a la debacle que rendirnos, seremos cómplices por omisión.

Para tener ganas de luchar por el país, lo primero que tenemos que recuperar es nuestro amor por Venezuela. Nadie lucha por una causa en la que no cree y en el fondo considero que eso es lo que nos pasa, si creyéramos y amaramos más nuestro país, aquí el resultado sería otro. A muchos le pudiese sonar esto como masoquismo “¿Amaremos a quién nos pega?”, yo respondería que es todo lo contrario, esta tierra con todo los trancazos que ha recibido y sigue recibiendo de nosotros, continúa brindando oportunidades para muchos.

Soy optimista con el futuro cercano de nuestra golpeada nación, quienes aquí estamos y quienes se han ido presionados por las circunstancias nos uniremos para levantar lo caído, para reparar lo roto, para unir lo que separaron, para limpiar lo que ensuciaron, para perdonar a quienes nos humillaron. Porque nada avanza con revanchas, lo que vivimos es resultado de una venganza de una clase política que durante años acumuló odio y resentimiento, no podemos permitirnos ser igual a ellos. Justicia no es venganza.

De aquellos que están afuera tendremos la experiencia de haber tenido que empezar de cero para levantarse y progresar en un país con costumbres y cultura distinta, donde muchas veces los títulos no valían, sino el esfuerzo. De quienes están aquí la resistencia, esa confianza y optimismo por lograr resultados, por más hostil que luzca el panorama. Esa combinación es imbatible, pero solo la logramos luchando contra el desarraigo, amando más a Venezuela. El camino es corto cuando los pasos son grandes  ¡Vamos!