• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

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Brian Fincheltub

Un delito para todos

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En los autoritarismos todos somos sospechosos, hay una celda para todo aquel que se atreva a retar al Estado con su disidencia, incluyendo aquellos que pretendan pasar por neutrales, las dictaduras no toleran la crítica, pero tampoco a quienes no toman partido. Es la visión totalitaria del poder, ni evadiendo la realidad será posible salvarte, serás empujado a justificar la opresión y la persecución. Lo contrario es unirte a la lista de los oprimidos, es cuestión de tiempo que te llegue a ti, mientras más débiles son, todo aquel que piense y tenga criterio independiente se convierte en un peligro.

“Detenga primero, impute después”, en Venezuela se ha institucionalizado esta práctica que manda al cementerio el derecho a la defensa y establece como norma las detenciones arbitrarias. Si usted no ha cometido delito se lo inventan. Así es como todos pasamos a ser conspiradores, magnicidas, golpistas y desestabilizadores.

Hacer política en nuestro país es asumir de entrada que estamos en una especie de lista de espera camino a la cárcel. Pero frente al miedo de perder la libertad hay otros que me preocupan más: El miedo a que no haya cambios. No es posible abandonar la lucha por una Venezuela diferente cuando el futuro de las próximas generaciones depende de lo que hagamos hoy. Antes que ver los toros de la barrera es mejor agarrarlo por los cachos. Prefiero ser protagonista que un cómplice obligado a callar y a aplaudir, no nací para eso.

En su peor momento económico el gobierno saca su última carta: Perseguir hasta hacer desistir, perseguir para distraer de una grave crisis que es imposible tapar ni con juicios sumarios. Porque quien va al mercado y sufre la inflación, el desabastecimiento y la escasez no pisa peines.

En una semana reactivaron procesos contra María Corina Machado y Juan Carlos Caldera y vendrán más. El mensaje a la oposición es claro, la quieren acorralada, pero los acorralados son ellos, la quieren hablando desde unos tribunales en lugar de estar llevando el mensaje de cambio a las comunidades.

El mundo sigue de cerca lo que sucede en Venezuela, saben que el momento más peligroso de las dictaduras son más débiles, porque tal cual cómo reacciona el lobo herido, su defensa es atacar. Sigamos haciendo lo que siempre hacemos, trabajar sin descanso mostrándonos como una alternativa frente a quienes hace mucho dejaron de serlo.