• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

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El chavismo y el linchamiento del Estado

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¿Por qué nace el Estado? Una pregunta difícil con respuesta simple: para garantizar la seguridad y la vida de los ciudadanos. Pero que la respuesta sea simple, no significa que sea fácil prolongar su existencia, las amenazas más peligrosas contra su continuidad vienen de sus propios ciudadanos y más adelante entenderán mejor.

El Estado como lo conocemos hoy es una institución relativamente reciente, si lo comparamos con los orígenes de la humanidad. Se preguntarán ustedes: si el ser humano vivió miles de años sin el Estado  ¿por qué decidió darle forma? Y aquí entramos en el punto que nos concierne: el individuo, como poseedor de derechos inherentes a su condición humana, acepta ceder el derecho de defenderse por sus propias manos a cambio de protección del Estado, un pacto de convivencia pudiéramos llamarlo, el pacto social.

Sin embargo, no podemos pasar por alto algunos intentos que datan a tiempos precedentes a la aparición del Estado moderno, donde el hombre buscó controlar la llamada “justicia popular”. Les hablo de la Ley del Talion, una concepción que entendía la necesidad de ponerle un freno a la venganza en términos de proporcionalidad: “Ojo por ojo, diente por diente”. Es decir, aun en tiempos tan arcaicos nadie iba a quemar vivo a quien era atrapado robando, la pena debía ser proporcional al delito.

Luego vinieron importantes reformas que se convirtieron en la base fundamental del actual derecho penal, una de ellas fue el tratado jurídico De los delitos y las penas, del italiano Cesare Beccaria, donde entre otras cosas se establecía la necesidad de imponer la voluntad de la ley sobre la personal, procurar la independencia de los jueces y garantizar la aplicación de la justicia en lugar de hacer énfasis en la severidad de la pena. Un castigo cruel no era sinónimo de justicia.

Son conceptos que tienen siglos de antigüedad, instituciones que nacieron para darle orden y sentido a la vida en sociedad. Frente a lo que vivimos hoy toca preguntarnos ¿Qué somos? ¿En qué nos convirtieron o nos dejamos convertir? Esto no es una mea culpa o un ataque de moralidad, es una especie de grito desesperado tratando de encontrar identidad en un país que seriamente desconozco.

Quizás todos tengamos nuestra cuota de responsabilidad en lo que vivimos hoy, en gran medida por ser testigos silenciosos, unas veces más que otras, de la toma por asalto por parte del chavismo al Estado. Entre la turba muchos aplaudieron, otros ayudaron a destruirlo y la mayoría pasaba y miraba indiferente, un circulo de complicidad y silencio que nos trajo a la actual situación.

La teoría del inicio del articulo no es una clase de derecho, es para que entendamos en qué clase de sociedad primitiva hemos devenido. Somos como la turba que pide venganza y grita “mátenlo” arrastrada por la irracionalidad.

Los linchamientos son la señal más clara de la desaparición del Estado, son el signo de una sociedad enferma por el odio y la crueldad. No queda más que reconocer lo que para nadie es un secreto: El Estado murió y lo linchamos todos.

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