• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

Al instante

Vengo de 2016

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No vayas a pensar que estoy loco, cada línea que escribo no es mera exageración, tampoco una leyenda urbana o un cuento inventado por los adecos o los copeyanos. Te pido no me respondas con el clásico: “No vale, yo no creo”. Puedo jurarte que todo lo vi con mis ojos, nadie me lo contó. Vengo de 2016, apenas estuve horas en lo que creo era Venezuela y créeme, no la reconozco. Si la situación hoy, en plena mitad del año 1995 la consideras difícil, dura e insoportable, no imaginas de lo que fui testigo.

No me pareció un viaje al futuro, sino cien años atrás. Rostros sin expresión, cuerpos sin rumbo, miradas perdidas. Un país a la deriva, que luchaba por lo más básico, por satisfacer las necesidades más elementales. Si me hubiese llevado a esa Venezuela una harina, un desodorante y un paquete de caraotas hubiese regresado millonario. Imagina, si tú eres de los que hoy le da vergüenza decir que está comiendo pasta con caraota, tienes que saber que en 2016 serás visto como un burgués, porque un plato de caraotas representa un verdadero lujo que solo pocos se pueden dar.

Nos cambiaron la moneda nacional, el Escudo, la Bandera, pero lo más grave, nos cambiaron el país. Me quedé loco tratando de entender de qué hablaba la gente cuando se refería a los “pranes” y los “bachaqueros”. Busqué más información, pero en la calle nadie se detenía, nadie tiene confianza en el otro y no es que ahorita la tengamos de sobra, pero lo que vi fue una nación de enemigos, de personas que no se reconocen unas a las otras, que viven con terror. Quizás es puro instinto de supervivencia.

Hay largas colas en todos los supermercados, hasta las bodeguitas han tenido que ir cerrando por falta de mercancía. Olvídate de comprar lo que quieras donde quieras, eso desapareció, es comprar lo que se pueda cuando hay… la mala noticia: no hay es lo que más se repite. Dirás que esto me lo inventé después de ver una película sobre el apocalipsis, ojalá fuera ciencia ficción, es pura realidad. Aunque que el mundo no se acabó en 2000, el escenario en Venezuela es posapocalíptico.

La gente hace colas sin saber qué viene, la desesperación los lleva a pasar horas en fila para ver si logran comprar, no todos tienen “la suerte”. Los venezolanos han pasado de pelear por una harina a buscar en la basura. Nos convirtieron en un país de mendigos, donde lo único que sobran son los malandros y los corruptos.

Seguro te preguntarás qué pudo conducirnos a un panorama como ese. Qué pensarías si te dijera que el militar golpista que salió de la cárcel el año pasado va a ganar las elecciones a la presidencia dentro de tres años. ¿Me crees? Acaso te imaginarías que este mismo hombre moriría en el poder  y dejaría en el cargo a quien hoy lo acompañaba entre la multitud como uno más, un chófer de Metro con una capacidad destructiva que supera con creces la su antecesor. ¿Te suena descabellado? No lo es, va a pasar.

Mi única esperanza es que estamos a tiempo de evitar esta tragedia, estoy seguro de que los venezolanos escucharán este grito de alerta. Les digo algo, por más descontentos que estemos con el sistema, sé que no tenemos vocación autodestructiva. Lo que vi no fue una venganza contra quienes hoy nos gobiernan, sino una venganza contra nosotros mismos.