• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

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Nicolás, el presidente de las dificultades

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En su etapa terminal, las élites corruptas reaccionan de la misma manera: se rodean de aduladores, se aíslan de la realidad y construyen un mundo virtual apoyado en la mentira y la fantasía. Pero en su retirada, es este liderazgo decadente la principal víctima de su propio sistema perverso. Desconectado del pueblo que una vez lo eligió, el líder en desgracia sufre de constantes delirios de megalomanía, se muestra más fuerte cuando en realidad goza de una debilidad gigantesca, amenaza y se atrinchera frente a un descontento cada vez mayor.

En el caso de los liderazgos carismáticos siempre se resisten a creer ya no cuentan con el amor de las masas. Aunque ustedes no lo crean, la vanidad es otra de las enfermedades más comunes del poder, por eso necesitan siempre que el espejo les hable. No hay mejor espejo que una corte de adulares que siempre dirá lo que el jefazo quiera oír. ¡Pobre de aquel que se le ocurra decir algo diferente!

Este tipo de hombres también se creen imprescindibles, no preparan el camino para su sucesión porque sostienen que después de ellos viene "el diluvio". A nosotros nos tocó no el diluvio, sino literalmente ¡La catástrofe! Un hombre que heredó el poder pero que nunca fue líder, que quiso ser popular pero jamás gozó de la preferencia de nadie, que no entiende por qué le tocó ocupar la presidencia. Es tal la situación de inseguridad que cuando agradece por su investidura le habla a su predecesor fallecido y no al pueblo que supuestamente le votó.

Lo mejor para el propio Nicolás Maduro es que afronte el quiebre político que vive el país, que entienda que el chavismo dejó de ser una alternativa de cambio y facilite los mecanismos constitucionales para su salida del poder. Obviamente hay muchos intereses que se lo impiden, propios y ajenos, la impunidad el principal. Pero dentro de los escenarios disponibles para él, ser recordado como el presidente que permitió la transición a la era post chavista sería el menos traumático.

Cuando uno ve su  nivel de intransigencia lo que se imagina es que el poder detrás del poder lo quiere sacrificar. Llegó el momento que al menos se haga dueño de sus decisiones. Si usted Nicolás Maduro es quien manda en el CNE, aconséjeles a sus rectoras que no se atrevan obstaculizar lo que al todas luces es un huracán de cambio indetenible que amenaza con llevarse cualquier obstáculo por el medio.

La gente demostró esta semana que le apuesta a una solución pacífica, es cierto, pero dejó claro que no piensa dejarse embaucar por nadie y hará defender con contundencia su derecho a cambiar y vivir en paz. Y si en algo está claro este país es que esa paz no la representa usted.

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