• Caracas (Venezuela)

Brian Fincheltub

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Derrota diplomática

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Mientras aquí montaban una tarima para gritar consignas “antiimperialistas”, en Washington anunciaban los resultados de la primera etapa de conversaciones, hasta el momento secretas, entre la Casa Blanca y el régimen cubano. Un proceso de negociación de algo más de un año que abrió paso al descongelamiento de relaciones entre dos enemigos históricos y que dejó a Nicolás Maduro ahogándose solo en su virulencia contra Barack Obama. Comenzaba así, unos cuantos meses antes, la Cumbre de las Américas para Estados Unidos, tratando de disminuir tensiones en vísperas del regreso de Cuba a la cita hemisférica, pero jugándose nuevas cartas que terminarían de enviar al fondo del abismo a la diplomacia madurista.

Solo tres meses después de la distención histórica, se produce la primera acción formal del gobierno de Estados Unidos contra funcionarios venezolanos involucrados en violación de derechos humanos e incursos en presuntos actos de corrupción. Fueron revocadas las visas de siete funcionarios y congeladas sus propiedades en el norte. Una medida que fue tomada directamente por el presidente Barack Obama a través de una orden ejecutiva, tras la presión del congreso, que en sus dos cámaras había votado a favor de las sanciones a particulares.

El poderoso lobby venezolano en Estados Unidos no evitó las sanciones, pero empezó una millonaria campaña nacional e internacional que presentaba la declaratoria de amenaza como el preludio de una invasión militar contra Venezuela. Avisos pagados en los principales diarios del mundo y el financiamiento de una cruzada de solidaridad internacional, que incluía pronunciamiento de los gobiernos de la región y manifestaciones en las embajadas venezolanas, llamaban a derogar la medida. El bombardeo propagandístico en Venezuela fue tan fuerte que uno pensó inmediatamente que la Cumbre de Las Américas se convertiría en un foro antiimperialista y de solidaridad con Maduro, pero no ha sido así.

Cuba, el aliado incondicional, actúa con Venezuela como aquel que va al velorio del familiar de un amigo y le da el pésame, llora un ratico, le dice que lo siente mucho, pero ni de vaina se queda toda la noche. A los diez minutos se va de rumba con otro amigo despidiéndose con una palmada en la espalda. Mientras Raúl Castro le da la palmada en la espalda a Maduro se va de rumba con Obama.

La agenda de la delegación cubana en Panamá comenzó con una reunión con el jefe del Departamento de Estado de Estados Unidos, John Kerry. Además, un vocero de la isla reveló que ambos presidentes hablaron por teléfono tras su llegada al país centroamericano. Más que el enfrentamiento, otras parecen las prioridades de la dictadura cubana, agenda que obliga al gobierno venezolano a bajar la retórica antiamericana.

Otro duro golpe de la diplomacia estadounidense es el acuerdo energético sellado con los países la Comunidad del Caribe, otrora área de influencia de la “petrodiplomacia” bolivariana. Esta sería la segunda señal de alejamiento del bloque caribeño con Venezuela, hace unos días fue divulgada una declaración de respaldo a Guyana, frente a la disputa del Esequibo. Como dicen por allí, en relaciones internacionales no hay amigos, hay intereses.

Pero como si el panorama no fuera lo suficientemente malo, se suma la falta de consenso dentro de la Organización de Estados Americanos para firmar la declaración final de la Cumbre, específicamente por diferencias en el punto incluido por Venezuela que pedía condenar decreto de Obama contra violadores de los derechos humanos.

Como cambian los tiempos, atrás quedaron las cumbres donde se podían comprar lealtades y no es porque no haya gente que se venda, sino porque nos quedamos sin reales. Cada vez serán más los países que marquen distancia con el gobierno de Maduro. Ya se quedó sin pueblo, pronto sin aliados.

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@Brianfincheltub