• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

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Ni terminará el petróleo ni aún despegó el gas (I)

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Varios autores van señalando el “fin del petróleo” y el “fin de la economía petrolera” en el mundo. Olvidan, sin embargo, que aún hay  mucho petróleo, que hay gas y que de momento ese “final” está muy lejos, por lo menos no veremos eso en nuestra generación.

Quizá haya reducciones de consumo, transiciones al gas y utilización ampliada de nuevas energías pero el fin –o la “muerte”- del petróleo como herramienta de desarrollo económico, ni será así ni será ahora mismo. Dista mucho para aquello. Varios expertos coinciden que en 150 años se han extraído alrededor de 1,3 billones (millón de millones) de barriles de petróleo y la tierra aún tiene mucho en reservas de petróleo y gas no-convencional.

Otros creen que las caídas de precios son augurios del fin de la economía del petróleo. De las “causas” que motivaron la “caída” de precios hemos discutido bastante. Un resumen apurado: existe sobreproducción de países socios OPEP (cártel petróleo mundial con reservas estimadas en más de 800.000 millones de barriles entre todos sus socios), ingreso de producción/oferta de Irán (antes con restricciones por sanciones de potencias occidentales a su programa nuclear), ingreso de un nuevo “jugador” en la economía de la energía: producción de petróleo/gas desde fuentes no-convencionales (el famoso shale o fracking desde reservorios estructuralmente diferentes a los “convencionales”); además de fluctuación en la demanda y caída del otrora crecimiento acelerado de China. Una pizca de guerra geopolítica entre Estados Unidos contra Rusia y otros países autoritarios/petroleros (Venezuela, por ejemplo) quizá fue también algo para tener en cuenta. Pero bueno. Así están las cosas.

Ante la anunciada “muerte” del petróleo viene la respuesta norteamericana con miles de millones de dólares invertidos en investigación y tecnología: el fruto es que esa tecnología que avanza galopante hace que Estados Unidos lidere hoy la producción de petróleo/gas no-convencional.

Mientras países OPEP -productores tradicionales- siguen explorando, produciendo y refinando petróleo con métodos de hace treinta años la industria norteamericana del fracking pegó un portazo: el petróleo y gas desde reservorios no-convencionales son prueba que Estados Unidos realmente tiene la capacidad de “reinventar” de tanto en tanto a la industria. Y esa iniciativa es emulada por otros países de las llamadas “economías de la energía” (países del golfo, por ejemplo).

Parece hacer algo de sentido la entonces cuestionada frase de la ex gobernadora de Alaska y ex candidata vicepresidencial norteamericana Sarah Palin cuando dijo “…drill baby drill…” (perforar, bebé, perforar) en 2008 cuando planteó una política energética agresiva que permita independencia energética norteamericana buscando petróleo/gas inclusive en zonas geográficas consideradas por los ecologistas como “intocables”. Quizá hizo algo de sentido porque hoy los métodos e exploración y perforación (drill) han mejorado y cambiado de tal forma que –aunque ciertamente haya críticas desde la perspectiva ambiental– han permitido el nacimiento del fracking de petróleo/gas y su posicionamiento como key-player en los negocios corporativos en energía.

Naturalmente nos adscribimos a reclamos ecológicos que señalan que el uso de combustibles fósiles contribuye a emisiones de dióxido de carbono y el efecto invernadero. Sin embargo creo que tanto Estados cuanto corporaciones deben invertir más en mejorar condiciones tecnológicas de producción de petróleo/gas dañando lo menos posible y remediando el medio ambiente.

No olvidemos, también, que desde el dinero generado por la poderosa industria energética del petróleo/gas se pueden financiar y mejorar soluciones tecnológicas para producción de energías renovables (eólica, solar, hidráulica, geotérmica, biomasa, pilas de hidrógeno y atómica) que de momento no están al alcance del bolsillo popular y continúan siendo costosas versus el “tradicional” petróleo o gas.

@bguzqueda