• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

Al instante

Ni terminará el petróleo ni aún despegó el gas (II)

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Dado que el “fin del petróleo” podrá llegar en algún momento, más tarde de nuestra generación, viene a tomar la posta de la energía el gas natural. El gas viene a ser el nuevo elemento energético del futuro. Es más limpio y aún no se han terminado de descubrir mayores fuentes de reservas y de conocer sus propiedades. Obviamente debe darse el paso siguiente: de la materia prima al valor agregado: el gas estará –y ya empezó- a generar iniciativas y mercados para plásticos, fertilizantes y otros, más allá de su tradicional utilización (electricidad).

Insistimos que alguna porción de las millonarias ganancias que corporaciones y Estados obtienen de la aún lucrativa industria petrolera/gasífera deben ser destinados a construir una  sociedad de la tecnología y del conocimiento; invirtiendo en educación para la innovación

Imaginar la vida sin petróleo –de momento- es casi imposible. Es como pensar en el mundo sin dinero. O el mundo sin economía de libre mercado. Es –insisto- de momento complicado y lejano.

Que podrá haber una transición de la sociedad petrolera en la que vivimos a una sociedad energéticamente alternativa es perfectamente posible, pero para ello se necesita tiempo, nuevos paradigmas de consumo y fundamentalmente tecnología de punta que mejoren la sociedad, la forma de vivir y la generación de energía.

La respuesta ante las complejidades es siempre dada por la innovación y la creatividad tecnológica: al complicarse las condiciones de exploración y producción de petróleo/gas desde la perspectiva tradicional emergió el fracking. La inventiva humana no tiene límites. Lo mismo debe ocurrir en la transición de la actual sociedad petrolera a la sociedad del conocimiento.

De seguro “empeoró” la calidad del petróleo explotado: petróleo ligero (más valioso) y más crudo pesado (menos calidad y más costosa refinación); pero de que hay petróleo hay, y para buen rato. La geopolítica de la energía es complicada: hoy las multinacionales y corporaciones de la industria son más poderosas y más grandes que estados, en términos financieros. La era del fracking y principalmente del gas (con reservas aún no cuantificadas) van a seguir “alimentando” esa sociedad de energía en la que vivimos, llegando al punto en que, quizá, el gas sustituya al petróleo como principal elemento de transporte.

Es, entonces, complicado hablar de “el fin del petróleo” en ésta generación. El Gas/petróleo no convencional (arenas bituminosas, por ejemplo) y a las fuentes tradicionales en países no convencionales sumado a eficiencia y nueva educación del consumo con ahorro intenso de energía pueden mejorar las condiciones de producción/consumo y alargar más ese “fin” que algunos teóricos señalan.

Creemos que habrá, como ya dijimos, una transición ordenada y lenta al gas y a nuevas energías pero con dinero y estímulos y nuevos enfoques de consumo.

El negocio del gas no terminó de consolidarse. Sólo un ejemplo: el gas de esquisto en Estados Unidos ya es altamente influyente para mercados de gas natural y de GNL (transporte de gas líquido)  alrededor del mundo.

Estados Unidos está en su “segunda juventud” con el gas shale o esquisto. Y quizá la transferencia de tecnología e inversiones puedan replicarse en otros países para continuar apostando al gas como elemento central de economías de países.

El gas no termina de nacer como llave energética del desarrollo

Aún estamos viendo las postrimerías de lo que se puede denominar la “era del gas”

Siendo así, ni el petróleo morirá de momento ni el gas terminó de brindar sus “frutos” a la sociedad.

Por ello los estados deben modernizar regulaciones, abrir fronteras, estudiar mejores mecanismos de complementariedad, invertir en hidrocarburos y distribuir sus ingresos en tecnología e innovación de sus ciudadanos.