• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

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La derrota de Maduro en la OPEP, y victoria del mercado

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Tres hechos significativos ocurrieron para el mundo del mercado global de la energía estos días: una victoria del mercado; un retroceso, de momento, del fracking y la elección del secretario de OPEP.

OPEP, el gigantesco cártel de países productores petroleros, recientemente concluyó una cita en donde delinearon lo que podría ser la política petrolera global por los próximos años: buscar equilibrios entre oferta/demanda.

Aunque nunca hubo un “acuerdo” entre sus miembros para reducir cuotas de producción, lo que sí hubo fueron hechos importantes: a un “precio justo” de entre 50-55 dólares/barril los productores de fracking (petróleo y gas de extracción no-convencional) tuvieron grandes pérdidas y se retiraron del mercado, habiendo dejado un “boquete” en el mercado petrolero que los países productores de petróleo-tradicional (OPEP en su mayoría) estuvieron “llenando”; un poco la recuperación de la India, y la rebaja de producción de petróleo de Libia y Nigeria (por guerrillas internas) mejoraron el acomodo de volúmenes de petróleo de países OPEP.

El mercado “arregló” las cosas. La mano mágica de la demanda y la oferta pudieron llegar a este –eventual– “equilibrio” que hasta el propio ministro de Energía de Qatar indicó: “El peor momento para el petróleo concluyó”.

Con Brent (50 dólares/barril) es “cómodo” frente a los 27 USD/barril que costaba en enero. OPEP se dio cuenta que la disminución de su producción acarreaba un problema significativo: menos inversiones en el área de exploración y producción, ello a mediano y largo plazo podrían afectar las reservas de petróleo en el mundo. Claro, si estaba a 27 dólares/barril no era atractivo invertir a escala para explorar/producir. Y si no se produce hoy mañana habrá efectos en el mercado: demandas insatisfechas. OPEP pensó, entonces, a futuro.

Entonces la dinámica de seguir produciendo no fue tan mala idea: el mercado se encargó de expulsar a los productores de costos altos, ineficientes y poco rentables proyectos; y poner en rezago momentáneo al fracking que con nueva tecnología y mejora de costes seguro retornarán a la carga, porque Estados Unidos (la “cuna” del fracking) va a continuar dando batalla. La idea es inundar el mercado de petróleo barato de precio “justo”: que permita a todos gozar combustibles a menor precio, que productores tengan precios justos de producción y de ingreso y que Estados se beneficien de ingresos por renta.

Otro acto de racionalidad, de triunfo del liberalismo democrático (capitalismo petrolero puro) es la elección del nigeriano Mohammed Barkindo como nuevo secretario general derrotando así la candidatura socialista de Alí Rodríguez Araque, postulado por el régimen de Maduro y que –gracias a Dios– no recibió ningún apoyo para dirigir el más capitalista de los cárteles. No es derrota menor para los países “alineados” a Nicolás Maduro; hasta la prensa refleja el hecho que la delegación populista abandonó la reunión claramente descontenta.

El mercado, entonces, se impuso: hay “rienda suelta” a la producción: política de producción ilimitada para reequilibrar el mercado porque la oferta y la demanda están en proceso de convergencia: existe, según fuentes informadas, un exceso de oferta en todo el mundo de más de 1,5 millón/barril/día pero para diciembre la demanda superará a la oferta.

Con un nuevo miembro (readmitido) Gabón, OPEP es “un organismo vivo”, tiene más influencia y continuará en ese camino por largo tiempo en el mercado energético global, indicó el presidente OPEP.

El mercado es sabio, con todos sus defectos, impone a los más eficientes y expulsa a los más ineficientes; naturalmente los equilibrios son sabios, en esa ruta estará el mercado petrolero –de momento–. Bolivia, en lo lejos, sí sentirá esos equilibrios: el precio del gas está reatado a precios del petróleo, entonces la economía se tendrá que ajustar a precios no de bonanza, sino de equilibrio.