• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

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Venezuela pudo ser como Emiratos Árabes Unidos

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En Emiratos Árabes Unidos están las ciudades íconos del capitalismo petrolero mundial: Dubai y Abu Dhabi. En menos de 20 años esas arenosas pequeñas aldeas del Emirato –en pleno Golfo Pérsico– se convirtieron en las ciudades más modernas y pujantes del mundo.

Ni Nueva York ni París. El nuevo capitalismo y los negocios en energía (petróleo y gas principalmente) han “sembrado” los réditos de esa industria que se notan a simple viste por la impresionante infraestructura del emirato.

Comparativamente, en los mismos 15 años de administración política de la izquierda en Venezuela, no se tuvo el mismo crecimiento ni prosperidad ¡nuestra bella Venezuela pudo haber sido como Dubai!

Siempre reiteramos que hasta 2013 el monto que Venezuela tenía adeudado a China era de más de 40.000 millones de dólares. Esa fortuna, según analistas, estaría destinada a proyectos “de infraestructura y de crecimiento” que, sin embargo, no han reducido la pobreza, las brechas sociales, la inseguridad ciudadana, ni han hecho de Venezuela un país del primer mundo. ¿Por qué hacen colas (filas) para conseguir alimentos si Venezuela pudo ser la Dubai latinoamericana?

Cuando se empiece con nuevos esquemas de promoción del capital y la inversión, con libertad de mercado en Venezuela y Bolivia, va a ser urgente una reconstrucción total de ambas economías, que han despilfarrado miles de millones de dólares, producto de la venta de materia prima (petróleo y gas, respectivamente).

Inicialmente habrá que reconstruir códigos éticos, principios y valores relacionados con el respeto de los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho.

Será necesaria una dedicación absoluta a combatir la pobreza y un tema de preocupación latinoamericanista: evitar más despilfarros por la venta de petróleo (Venezuela) y de gas (Bolivia).

Venezuela y Bolivia tienen una gran importancia en el desarrollo económico del Cono Sur y ambas naciones están indisolublemente ligadas, particularmente desde la perspectiva de hidrocarburos (entiéndase petróleo y gas, fundamentalmente) y de otros negocios en energía.

América Latina debe cuestionar a regímenes que abusan de los derechos humanos y, lo que es peor todavía, despilfarran dinero de recursos naturales no renovables, que son, en todo caso, patrimonio del continente.

Venezuela y Bolivia pueden ser las naciones que suplan de petróleo, gas, productos petroquímicos, acabados de valor agregado de gas, electricidad y fertilizantes a América Latina y al mundo. No es exageración. Pero en vez de primar esa tesis, lo que prevalece hoy es el rentismo y la ausencia de políticas públicas coherentes en economía de la energía.

Para graficar: hoy Caracas debería ser tan estructurada, atendida, moderna, segura y adelantada como Dubai, que emergió gracias a negocios financiados por la industria de hidrocarburos allá en Emiratos Árabes Unidos, en un despegue en menos de 15 años.

En todo caso, y para pesar de los latinoamericanos, gran parte del dinero generado por el petróleo venezolano –y por el gas boliviano– vendido a terceros países fue despilfarrado.

Nuestro credencial de latinoamericanos nos habilita y obliga a reclamar por Venezuela y Bolivia.

Analistas informan en la prensa internacional que desde 1999 Venezuela percibió 981.000 millones de dólares producto del trabajo de su empresa estatal petrolera. El propio presidente de Venezuela afirmó públicamente que en 15 años de gestión el Estado venezolano recibió por venta petrolera 700.000 millones de dólares. ¿Qué se hizo con tanto dinero? (ver link de apoyo).

Esa cantidad de dinero estuvo a disposición de dirigentes del socialismo del siglo XXI en Venezuela –cuyo principal sustento de su economía, como la boliviana, está basado en venta de materia prima (petróleo y gas, respectivamente)–, pero sin haber dado preponderancia a las inversiones en infraestructura para combatir y derrotar la pobreza, la inseguridad, el atraso, la marginalidad.

Con semejante excedente económico Caracas, Maracaibo, Valencia, Puerto Cabello, Maturín y todas las ciudades venezolanas deberían tener cero-crimen y delincuencia y cero-desempleo y marginalidad, y tener las comodidades de ciudades del primer mundo. Y sin embargo los temas de pobreza, los cinturones de marginalidad y otros siguen “justificando” despilfarros sin sentido, como las “misiones” (planes sociales) que distribuyen “regalos” en vez de soluciones estructurales para la sociedad.

Tanto en Venezuela como en Bolivia no existió el criterio político de elaboración, diseño y ejecución de políticas públicas de construcción de Estado. Prefieren privilegiar a élites y controlar a la masa con “regalos”, o “misiones” o “bonos” de todo tipo, que solo son paliativos.

En varios informes el FMI indicó que el crecimiento anual promedio de Venezuela nunca pasó la barrera del 3% entre 1999 y 2011, a pesar de tener a su disposición tales sumas de dinero.

Interesante hubiera sido que dirigentes estatales venezolanos y bolivianos aprendieran de, por ejemplo, Noruega, que crece y se desarrolla con bienestar para sus ciudadanos sin haber despilfarrado una sola gota de su petróleo.

Link de apoyo: Presidente de Venezuela admite que en 15 años de socialismo ingresó 700.000 millones de dólares https://www.youtube.com/watch?v=bzhnXXLruZ4…

*El autor es analista

@bguzqueda