• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

Al instante

Boris Santos Gómez Uzqueda

Precios del crudo y América Latina

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Las materias primas y los commodities siempre están en alza y baja. No nos extrañemos: el precio del petróleo estuvo en USD 25 el barril (2002), llegó a USD 140 (2009) y ahora en casi USD 85.

Es el juego del mercado atizado por grandes key-players de la industria petrolera mundial.

Síntoma de que la reducción de precio está afectando a América Latina es que Venezuela está importando petróleo para reducir costes internos de su estatal petrolera: 2 millones de barriles desde Argelia para diluir el crudo extra pesado venezolano (producido en la Faja Petrolífera en la región del Orinoco), la principal zona productora de crudo, reemplazando la costosa nafta.

La producción de petróleo de Venezuela (que posee la mayor reserva petrolera mundial) estuvo cayendo. Su principal comprador es Estados Unidos.

La reducción del precio también afectará la industria shale o fracking en Estados Unidos. Shale o fracking es la forma no convencional de extracción de hidrocarburos, es rentable si el precio del crudo es elevado.

Estados Unidos está en pleno crecimiento en inversiones en fracking, dejando de ser meros importadores para dar el paso a ser exportadores.

Algunos analistas indican que hay interés de algunos miembros de la Organización de Países Exportadores de Crudo para reducir el precio del barril y hacer –de momento- no rentable al shale.

Por primera vez el régimen de Venezuela “coincidirá” con Estados Unidos pidiendo evitar la reducción del precio de barril porque significa menos fracking para Estados Unidos y obviamente menos ingresos para Venezuela.

Si el barril baja a menos de USD 70 producir petróleo desde el shale sería muy costoso. El índice Brent está debajo de USD 88 (primera vez desde 2010). Estaba en USD 115 en junio.

La OPEP se reunirá el 27 de noviembre en Viena para determinar nuevas políticas para 2015 pero en tanto eso ocurra el mercado seguirá operando como tiene que hacerlo: con bajas y subidas.

Arabia Saudita, de todas formas, con costos de producción muy pequeños comparativamente con Venezuela o Estados Unidos estará en ventaja inclusive en esta baja del precio. Arabia tiene 33% del share de producción de petróleo del cártel OPEP (más o menos 9,7 millones de barriles diarios). ¿Se imaginan un país que produce 9,7 millones de barriles al día? Allí está sustentada la riqueza…

La baja del precio motivaría, por razones de costo, a que los miembros de OPEP reduzcan producción.

Ojo que de desarrollarse a plenitud la industria shale, Estados Unidos podría ponerse al frente de la producción mundial de petróleo, mucho más que Arabia; quizá por ello es que no le moleste a Arabia reducir precios de manera de evitar –por cierto tiempo- que Estados Unidos asuma el liderazgo de la producción mundial de petróleo.

Venezuela pidió reducción de producción para volver a impulsar hacia arriba los precios (retornar a USD 100 el barril, por lo menos); sin embargo, Arabia no ha reaccionado.

Arabia puede darse el lujo, sin perjudicar su economía ni su crecimiento, de producir tanto petróleo, ponerlo en el mercado y bajar el precio y mantenerlo en una banda (USD 80-90) hasta por dos años, tiempo suficiente para perjudicar el crecimiento de la industria del shale y obviamente perforar economías como la venezolana o la boliviana. ¡Aunque Bolivia es un pequeño país no-petrolero pero sí productor de gas, su economía se vería seriamente afectada!

Desde septiembre –según se conoce- Arabia elevó producción de crudo en más de 100.000 barriles por día (bpd) para mantener su liderazgo en el share-market de producción de OPEP.

Anotemos que por razones de costo (alto) de perforación y desarrollo de campos la producción de petróleo vía shale se hace menos atractiva de tener barril de crudo (convencional) a USD 80-90. Con esos nuevos precios imaginen cuánto perdería la economía (ya maltrecha) de nuestra bella república hermana de Venezuela...

Sólo como ejemplo del costo del shale: según la Agencia Internacional de la Energía se necesitan 2.500 pozos nuevos al año solo para mantener la producción de 1 millón de barriles al año (en el yacimiento de Bakken, en Dakota del Norte) versus mantener costos de operación de 60 pozos (en Irak) para obtener los mismos resultados en donde el costo de producción del barril de petróleo es de menos de USD 20.

En tanto la tecnología no avance un poco más el shale seguirá siendo costosa versus la producción convencional; pero no se descarta que la tecnología de producción de gas y petróleo no-convencional irá avanzando cabalmente motivado por éste tipo de situaciones de mercado que plantean oportunidades antes que perjuicios.

Varios expertos en finanzas petroleras han señalado claramente que el “punto de equilibrio” para obtener beneficios en Estados Unidos del petróleo no-convencional (desde el shale o fracking) y con la tecnología actual está estimado entre USD 60-80 del barril del “convencional” (según AIE).

Ahora bien, los populismos que sustentan sus gobiernos basados en muchos recursos naturales de alto costo ahora tendrán que ajustarse el cinturón.

Las petroleras estatales (National Oil Companies) estarán en problemas, especialmente de aquellos países con alta deuda (Venezuela).

El caso de Ecuador se plantea un tanto más complejo: apuntaban a que 2015 sería el año del crecimiento de la producción de petróleo, que estuvo viniendo en baja y que motivaba a Ecuador a retornar a ser un jugador clave de OPEP. Producir más con precios de producción altos y con precios de barril bajo es una ecuación poco recomendable.

Siguiendo el criterio de analistas de la compañía consultora Wood Mackenzie, para las cuatro mayores petroleras del mundo: Exxon, Chevron, Royal Dutch Shell y BP los descubrimientos no-convencionales han sido de lejos la principal fuente de nuevas adiciones de recursos en los últimos cinco años. Las grandes petroleras privadas buscarán apuestas más seguras en el actual entorno energético. Su escala y modelos integrados significan que no tienen la misma exposición a los precios del crudo porque las grandes petroleras privadas siempre pueden ir en busca de barriles en Wall Street, además porque no están sometidas a regímenes despilfarradores de recursos sino más bien a juntas de acciones que exigen máximo beneficio antes que costes.

El caso de Bolivia: las exportaciones de gas natural boliviano están reatadas a precios de derivados del petróleo; de manera que cuando el precio del petróleo (en éste caso, el Brent) está en baja también reduce el precio de gas natural.

Veremos qué nos depara 2015 el mercado energético mundial que de momento ya nos hizo saber quién manda. La “recomendación” obvia a los países petroleros o gasíferos es aprovechar cuando la época es de vacas gordas e invertir en infraestructura evitando despilfarros porque la reducción de precios apretará aún más a las economías poco libres como la venezolana o boliviana.