• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

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Boris Santos Gómez Uzqueda

Gas boliviano para el noreste argentino

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Argentina está de fiesta, por lo menos en la perspectiva energética, y por lo menos lo estará en estos meses.

Recordemos que 2014 fue un año horrible para Argentina: su producción de petróleo/gas bajó con relación a años anteriores. Los “apagones” de luz en Buenos Aires en diciembre 2013 prueban que algo falla en la política energética argentina. Y ni hablar de los miles de millones de dólares que Argentina despilfarró en subsidios y en aplicación de incorrectas políticas tarifarias eléctricas (generadas a partir del gas, principalmente).

Obviamente el nivel de inversiones en exploración de nuevos reservorios de petróleo/gas no fue el mejor con la consiguiente reducción del ratio de consumo/reservas comprobadas de ambos.

Un ex ministro de Hidrocarburos y Energía de Argentina califica este escenario de “ineficiencia y falta de visión estratégica estatal de los últimos lustros para alentar la inversión de riesgo en nuevas exploraciones”. Criterio que resume la improvisación en materia energética de ese país en los últimos diez años.

A esa falta de planificación viene de salvador el gas boliviano.

Hoy el gas boliviano está cambiando ese panorama. Por lo menos de momento. 

Y habrá que ver, también, si en Bolivia es sostenible seguir de proveedor de gas natural a largo plazo. En Bolivia, igual que Argentina, hay también preocupación y urge una reforma energética.

Pero de momento hay fiesta: Argentina inició la construcción de un tramo del segundo trayecto del Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA 172 kilómetros en 24 pulgadas) para abastecer de gas natural las provincias del norte argentino. Ese gasoducto permitirá que el gas llegue a Chaco y otras 3 provincias Formosa, Corrientes y Misiones que no tienen gas natural por redes.

Argentina prefiere el gas que tiene a mano, de Bolivia, que poner –de momento– miles de millones de dólares de que no dispone en ese gran reservorio petrolero/gasífero denominado “Vaca Muerta”. Eso tomará más tiempo, más dinero y más planificación.

Globalmente GNEA significa: aproximadamente 4.144 kilómetros de ductos troncales y ramales. Nace en Bolivia de otro gasoducto, el Juana Azurduy (GJA), de 47 kilómetros de extensión –32 del lado argentino– que transportará gas natural desde Bolivia a la Argentina, ingresando por la frontera con Salta, y que conectará con la Planta Compresora Campo Durán.

Una vez finalizadas las redes domiciliarias (alimentadas por ramales secundarios) brindará provisión de gas a 3.400.000 de argentinos e industrias.

Gas natural de Bolivia para reconstruir el alicaído nordeste argentino.

Otra muestra inequívoca de relaciones comerciales e integración energética Bolivia-Argentina.

La inversión total prevista es aproximadamente 3.180 millones de dólares en su infraestructura (o 28.500 millones de pesos argentinos) con más de una veintena de compañías constructoras contratistas, generador de 25.000 empleos.

América Latina está llamada a construir, con más empeño, una Carta Energética que agilice estos modelos/procesos de integración energética de manera de generar polos de desarrollo y equilibrios geopolíticos. 

Bolivia en el centro del continente y Venezuela al norte, pese a sus asuntos políticos internos, siguen siendo considerados potenciales proveedores de energía barata y oportuna a todo el hemisferio.