• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

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Fondo de inversión

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Es conocido que países latinoamericanos ricos en recursos naturales no han sabido, de momento, administrar la riqueza que la tierra les proporciona. Ejemplos de ellos son Venezuela (y su cuestionada administración de riqueza generada por el petróleo) y Bolivia (y su criticada administración de riqueza generada por el gas natural).

Son muchas críticas de expertos y organismos internacionales al manejo discrecional en muchos casos de esos fondos. No se puede concebir que países tan ricos en recursos energéticos y con excelentes ingresos no hayan podido administrar sus excedentes financieros en mejorar condiciones de vida y estimular una libre competencia de inversionistas en otras áreas de la sociedad.

Prueba de ello es la pobreza que se siente en Venezuela y Bolivia.

Se han intentado muchas fórmulas de distribución de esos ingresos, que en alguna medida beneficiaron a la sociedad; sin embargo, las brechas y las desigualdades aún son palpables.

Lo peor es que no se está mirando a futuro. De manera que cuando haya poca producción de petróleo o gas se pueda tener otras inversiones que sigan dando buen sostén al país.

Para ello se crearon los “fondos soberanos de inversión”.

Seguramente hay propuestas para que Venezuela o Bolivia tengan un “fondo soberano de inversión” del inglés: Sovereign Wealth Fund que –de acuerdo con la definición normalmente aceptada por ejecutivos y analistas del sector financiero– es una agencia o vehículo de inversiones del Estado que controla activos (que devienen de la venta de petróleo y gas, principalmente) y son utilizados para invertir en otros rubros de la cadena de petróleo, gas, minería, y primariamente en compra/venta de acciones, bonos, y principalmente inversiones en el sector de desarrollo inmobiliario y construcciones.

El fin de esos fondos soberanos es para ahorrar ingreso de venta de recursos naturales y disponerlos en otros rubros que generen nuevos rendimientos y proteger así la economía de un país. No basta tener reservas internacionales guardadas en bancos, sino es mejor invertir una porción de esos ingresos en un portafolio diversificado de operaciones.

Ejemplos exitosos de esos fondos son los establecidos por Noruega o por ejemplo el emiratí Abu Dhabi Investment Authority (ADIA que administra aproximadamente 875.000 millones de dólares en activos financieros).

Noruega invirtió sus ingresos de venta de petróleo y gas en el fondo considerado el más grande del mundo: eventualmente en 2020 llegará a tener 1 millón de millones de dólares (sí, leyó bien: 1 millón de veces 1 millón 1.000.000.000.000): con tal cantidad de dinero compraron, por ejemplo, acciones hasta en la poderosa compañía Facebook y tiene oficinas en Oslo,  Nueva York, Londres, Shanghai y Singapur.

El objetivo de ese fondo es: “Edificar la riqueza desde hoy con ingresos de venta de petróleo y gas para el país del futuro en caso que se hayan agotado sus recursos petrolífero/gasíferos”. Sencillo y concreto: ahorran e invierten. Muy poco gasto. Mucha previsión y construcción de futuro.

El dinero produce dinero, por ello es que los inversionistas noruegos son accionistas de la mayoría de las compañías europeas, en distintas porcentualidades de acciones.

Los políticos entendieron, en Noruega, en Emiratos Árabes Unidos y en Arabia, por citar ejemplos, que se debe ahorrar y se debe edificar un fondo que invierta en otros rubros; de manera de dejar de ser petróleo/gas/dependientes. Eso aún no lo comprende Latinoamérica, que sigue gastando a mano llena el dinero del petróleo y gas.

Estos fondos soberanos operan de forma distinta a los conocidos “fondos de pensiones”, son verdaderas entidades nacionales con presencia internacional, teniendo sus sedes en principales ciudades económicas del primer mundo.

La Comisión Europea da el marco legal e institucional indicando que “los fondos soberanos de inversión son vehículos de inversión de propiedad estatal que controlan una cartera de activos financieros nacionales e internacionales”.

Para el éxito de estos fondos es importante, sin embargo, que se cumplan algunas “reglas”: a) acumulación de una porción de los ingresos (en este caso de la venta de petróleo o gas); b) reglas específicas de retiro: de manera que los gobiernos no podrán retirar el dinero de ese fondo, por ejemplo, para gasto corriente; y c) el dinero debe estar exclusivamente destinado a inversiones, de preferencia en mercados externos que reditúen mayores rentabilidad.

Como ejemplo latinoamericano está el Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo normado y bajo dirección del Estado mexicano y con el objetivo de gerenciar y administrar la riqueza generada, una porción de la venta de petróleo que se estableció producto de la reforma energética de 2014.

Me imagino un fondo de inversiones boliviano manejando/administrando 75% de las actuales RIN (reserva internacional neta) que al 10 de marzo 2015 estaban en 14.935,9 millones de dólares, de acuerdo con el BCB, cifra bastante módica si se compara contra los 600.000 millones-800.000 millones de dólares que el reino de Arabia tiene ahorrados y en inversiones, producto de la venta de petróleo. Ese 75% sería exclusivamente para invertir en desarrollo inmobiliario, compra de puertos, construcción de plantas de petróleo, gas, construcción de represas, compañías constructoras, industria tecnológica, industria médica y otros portafolios en Europa, Estados Unidos y Medio Oriente. De manera que –estudios financieros de por medio– estaríamos diversificando nuestros ingresos y dando la posibilidad a Bolivia de tener un fondo como el noruego o el emiratí, guardando proporciones y distancias pero nos aseguraría menos gasto corriente, menos despilfarro y mayor creatividad para próximas generaciones.

 

*Consultor del sector privado, sigue sus análisis en Twitter: @bguzqueda