• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

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Deuda latinoamericana a China

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La expansión china en América Latina es innegable y sus inversiones –protegidas con la garantía de los recursos naturales– están en casi todo el hemisferio.

El caso que siempre nos llama la atención es Venezuela, que –de acuerdo con análisis independientes– a estas alturas va debiendo a China desde 2007 más de 54 millardos de dólares (54.000 millones de dólares o escrito con ceros: 54.000.000.000) del monto total, casi la mitad se pagó mediante envío de barriles de petróleo (con datos de El Nacional, Caracas).

El mal manejo de las finanzas públicas venezolanas y su iliquidez, además de la baja cotización del barril de petróleo ponen en jaque a nuestra bella Venezuela. Lo mismo ocurre en Bolivia: el gas natural está a un precio muy por debajo de lo esperado (dado que su precio está “casado” al precio del petróleo). Ergo: ambas naciones –acostumbradas a una década de gasto de parte de sus administraciones de gobierno– están con menos dinero para gastar. En la desesperación buscan acuerdos que no necesariamente son los mejores para el país.

Hace un par de días el presidente de Venezuela anunció públicamente –desde China– que recibió un nuevo préstamo de 5.000 millones de dólares.

Como el petróleo está a precios muy bajos (WTI aproximadamente 46 dólares/barril; Brent aproximadamente 50 dólares /barril) Venezuela está obligada a entregar más volumen de petróleo a cambio del dinero que recibe de China. Naturalmente, China sale ganando de esta operación: tendrá más petróleo para mover su pesada industria a cambio de, por así decirlo, pocos dólares.

Nunca antes un país –un gigante como China– tuvo a su entera disposición petróleo barato a tan grandes cantidades.

Hay acuerdos suscritos entre ambos países para “planes conjuntos” por más de 10 años para “aumentar la producción petrolera venezolana”. Reiteramos: a cambio de menos dinero los chinos tendrán muchísimo petróleo barato. Incluso están reservando petróleo para utilizarlo más adelante.

Entre esos “acuerdos” suscritos entre ambos países destacan: “La producción de neumáticos en Venezuela, nuevas construcciones de viviendas y la instalación de una sede del Instituto Cultural Confucio para la enseñanza del idioma mandarín”, pingüe cosa si se toma en cuenta lo que China se está llevando.

Desde 2001 tienen entre Caracas y Pekín un “Acuerdo Marco de Cooperación”. Lo penoso del tema es, reitero, que China –que está en problemas de crecimiento– continuará recibiendo petróleo a gran escala y a bajo precio para seguir alimentando de energía su industria. Con esta operación un país latinoamericano debe soportar en sus espaldas el crecimiento de China.

En palabras del propio jefe del Estado de Venezuela: “Se ha firmado un préstamo de 5.000 millones de dólares para elevar la producción petrolera de manera progresiva en los próximos meses”. Para pagar eso Venezuela envía a China entre 700.000 a 1 millón de barriles de petróleo por día a China.

Este tipo de contratos, de pactos y acuerdos que se hacen “a la rápida” y sin previa planificación, y que se suscriben por las apreturas financieras (falta de dinero) de Venezuela definitivamente no son las mejores. Están, diríamos, poniendo en riesgo otras inversiones y otros proyectos de valor agregado en Venezuela a cambio de entrega de petróleo (barato) como (simple) materia prima.

No dejemos de lado un hecho técnico: la producción de petróleo de Venezuela está en punto muerto. Ni decrece ni crece: cerca de 2,8 millones de barriles petróleo por día (bpd), otras fuentes indican que esa cifra no es real y que podría ser mucho menor. Destacar que los equipos de exploración, de perforación, de refino y de transporte no son de última generación; están tecnológicamente rezagados y que adicionalmente hay pérdidas y costos laterales por producir en condiciones que no son las más óptimas. La industria tiene que renovarse periódicamente para mejorar cotas de producción a menores costes.

La recesión, inflación y escasez de productos básicos que sufre Venezuela además de ausencia de democracia han destrozado las finanzas públicas y se requerirá una ingeniería política muy precisa para reconstruir su matriz productora de petróleo. Primero diversificar su industria. Producir petróleo para derivados (productos plásticos y combustibles) y mejorar condiciones de contratos con compradores; todo ello –obviamente– en un nuevo marco de democracia.

La gran contradicción de la historia: Venezuela es quizá el país más grande del mundo en potenciales negocios relacionados con la producción de petróleo, podría ser más grande y rica que Arabia Saudita y los países del golfo pérsico, pero mal administradas Venezuela y Bolivia están hoy a la cola del desarrollo.

 

*Consultor del sector privado, sigue sus análisis en Twitter: @bguzqueda