• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

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China en Bolivia y Venezuela

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Meses atrás junto con varios amigos consultores analizamos la penetración del “dragón chino” en América Latina a través de Venezuela y los multimillonarios créditos que el país asiático otorga al país caribeño.

Ahora Bolivia ingresa a ser la segunda “cabecera de playa” para China en el hemisferio.

Bolivia recibirá 7.000 millones de dólares en préstamo “ingrediente que le faltaba al coctel explosivo que nos mandará directo a la crisis y que podría repetir la triste experiencia de los años setenta que derivó en la hecatombe de finales de esa década y principios de los ochenta, con hiperinflación, escasez, convulsión social e ingobernabilidad…”, indica el editorial de un periódico local boliviano a propósito del crédito.

Bolivia tiene una reserva de aproximadamente 15.000 millones de dólares y una cartera de negocios en hidrocarburos (gas, principalmente a ser industrializado) que en opinión de expertos como el ex secretario de Asociación Regional de Empresas de Petróleo y Gas Natural en América Latina y el Caribe (Arpel), José Félix García (agosto 2008), “para explotar la capacidad productiva de gas, el país (Bolivia) requiere invertir 35.000 millones de dólares para apostar a ganador” (ver http://www.eldiario.net/noticias/2008/2008_08/nt080820/3_07ecn.php); cifra que obviamente ya está desfasada y requiere nuevos ajustes; yo mismo sugerí para los próximos 10 años (2015-2025) que Bolivia necesita aproximadamente 60.000 millones de dólares (6.000 millones/año) en inversiones privadas/públicas para renovar, reimpulsar y reposicionarse como país gasífero; para exploración (de gas y petróleo convencional como del shale o no-convencional); explotación y desarrollo de campos con perforación intensiva; tendido de nuevos ductos; plantas de generación eléctrica (al menos un par de generación de 4.000 MW cada una para exportar); renovación de su matriz energética interna; desarrollo de gas-química (plásticos); proyectos de gas a diesel (GTL); insertarse en negocios LNG (¿proyectos conjuntos con Perú?) y otros que permitan no solo exportar materia prima sino fundamentalmente valor agregado (Ver: http://m.eldiario.net/?n=32&a=2015&m=08&d=31).

Pero esa sugerencia fue dirigida exclusivamente para ser invertida en el sector hidrocarburos.

Los préstamos otorgados por China al continente superan los créditos del Banco Mundial y del Banco Interamericano juntos. Venezuela es el país que más préstamos e China tiene: cerca de 50.000 millones de dólares. De 2005 a 2014, los préstamos de China a América Latina  sumaron 119.000 millones de dólares (datos de Diálogo Interamericano).

Resulta una movida muy obvia que China utiliza su alta capacidad financiera para influir en el hemisferio y ganar adeptos. Lo curioso de esto es que Venezuela y Bolivia son la primera reserva de petróleo del mundo y de gas de América Latina, respectivamente. China sabe muy bien dónde prestar con las garantías de cobro posteriores.

Una frase que comparto –de un analista amigo– es que lo peor es que China da préstamos a diestra y siniestra sin siquiera importarle si ese dinero será mal administrado por regímenes autoritarios.

Los préstamos de China son, vale destacarlo, muy costosos en términos financieros. 7.000 millones de dólares desembarcarán ahora en Bolivia: para infraestructura, electricidad y carreteras, informan.

Lo que preocupa es, y está reflejado en la prensa boliviana, que el presidente de China, Xi Jinping, se comprometió también a otorgar otro crédito después de la ejecución de los primeros proyectos. “Una vez consolidados los proyectos las autoridades chinas dijeron que preparen otros paquetes de proyectos por unos 10.000 millones de dólares”.

Venezuela y Bolivia serán, consecuentemente, los mayores deudores de China. Bolivia ya le compró un satélite a China (aproximadamente 300 millones de dólares).

Con los 7.400 millones de dólares que gestionó Bolivia ante China las obligaciones con esa nación se incrementarán a 7.915 millones de dólares.

Ni México, la segunda mayor economía latinoamericana, se prestará tanto como Bolivia ante China (sólo tiene aproximadamente 2.400 millones de dólares de deuda).

Lo ideal hubiera sido movilizar la mitad de las RIN (reserva internacional neta) para generar inversión; lo ideal hubiera sido motivar y estimular inversiones de compañías y corporaciones en vez de “atarse” a un régimen como el de China. Pero, bueno, ahora con ese dinero bueno será que no sea destinado a gasto ni despilfarro sino exclusivamente al sector energético (gas, electricidad).

Varios legisladores opositores indicaron que “uno de los requisitos para obtener el préstamo es que en los proyectos que se ejecuten es que se contraten de forma obligatoria a las empresas chinas”. Ojalá que sean las mejores compañías y no las irregulares.

Será interesante conocer la explicación que la administración estatal boliviana pueda dar al Parlamento sobre la justificación del porqué adquirir créditos tan altos si tenemos buenas reservas internacionales.

El crédito contradice, además, el ideal de formar un Fondo Soberano que ahorre e invierta dinero boliviano en otros portafolios, como ya explicamos en una columna anterior.

Ni modo, así están las cosas por nuestra América Latina.