• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

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Bolivia en la caída de precios del petróleo

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Definitivamente la economía latinoamericana no “está blindada”, ningún país del hemisferio está fuera del ventarrón que la baja de precio del barril/petróleo ocasionará en sus economías. Bolivia no puede ser la excepción.

Aunque en medio de estos precios bajos sí hubo un pequeño incremento no fue suficiente para una “recuperación” del precio a sus niveles históricos; faltará mucho para eso. Hoy el WTI está en aproximadamente 46 dólares/barril y el Brent aproximadamente 50 dólares/barril.

Hay mucha oferta (mucha producción de Arabia y países del Golfo, incluida Rusia) tampoco se avizoran “recortes” a la producción de OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) a ello sumar la producción de crudo norteamericano (convencional y la de crudo de esquisto).

Los productores de shale han reducido sus costos de operación y están en agresivas fórmulas de mejora tecnológica, lo que en algún momento significará que la producción de crudo convencional quizá no les afecte tanto como en un inicio de la crisis.

Datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA) predice que la producción de países que no integran el cartel OPEP promediará los altos niveles de 58,1 millones de barril/día este 2015; o sea que hay muchísima oferta.

Asia (particularmente China) sigue siendo importante para demandar la oferta de crudo sin importar la desaceleración china.

América Latina por supuesto está en medio de esa vorágine. Solo Venezuela le va debiendo a China más de 50.000 millones de dólares: liquidez a cambio de petróleo barato. El caso boliviano: la caída de los precios del petróleo afectan a nuestras ventas de gas natural (Petrobras y Enarsa compradores), porque contractualmente el precio del gas está referido al petróleo (fijados  trimestrales con base en derivados refinados: fuel oil y diesel).

Cuando el barril/petróleo estuvo en buenos precios Bolivia tuvo buenos ingresos por concepto de venta de gas natural. Hoy es todo lo contrario. Por eso tuvieron que revisar un par de veces el presupuesto general del Estado (diseñado con base en precio de barril de 80, luego de 65 y ahora quizá deban ajustarse a 30, mínimamente).

Recientemente hubo un evento –un foro, una especie de evento académico– en donde se indicaba que había “Bolivia más allá del gas”. Definitivamente el gas natural y sus agregados seguirán siendo el principal pilar de la economía boliviana por los próximos 100 años, de manera que pensar en una economía boliviana “desagasificada” es poco menos que difícil. El gas va a diversificar su industria (en valor agregado) generando mayores inversiones pero jamás dejará de ser importante.

Honestamente no sería bueno echar mano de las reservas internacionales netas para “tapar boquetes” que va a generar el menos ingreso por venta de gas. Ahora venderemos gas más barato por razones ya comentadas. Ese boquete financiero debe ser muy grande, algunos indican que entre 1.500 y 3.000 millones de dólares que no van a ingresar y que lógicamente van a afectar la economía en general; incluso si mañana por arte de magia el barril/petróleo se cotizara en 200 –por poner un ejemplo– de todas maneras Bolivia habrá perdido muchísimo dinero en tanto se vuelvan a estabilizar precios y reacomodar volúmenes/precios.

Otra vez el gas está incursionando en proyectos a escala: el shale-gas y proyectos LNG para la industria eléctrica hacen que todos los países tomen previsiones. Europa va a necesitar muchísimo gas en los próximos 10 años para terminar o por lo menos reducir drásticamente la dependencia de Rusia. Van a recibir gas de América Latina (¿imaginan barcos metaneros bolivianos llevando gas de Bolivia y de Perú a mercados europeos?); ¡incluso van a recibir gas de Irán!

Esa nueva forma de generar negocios LNG no debe tomarnos por sorpresa.

Al caer los precios del petróleo y obviamente bajar precios del gas todos los proyectos se hacen menos atractivos (desde la exploración hasta la producción; peor aún los de industrialización); por ello se debe ser muy proactivo en generar condiciones para atraer inversiones pero dando señales de apertura. Insisto siempre en que sin tener una ley de electricidad y una ley de hidrocarburos que sea moderna y ajustada al mercado será difícil generar inversión privada.

El dinero del gas sirve para la inversión pública que debe ser intensiva ante la poca inversión privada.

 

*Consultor del sector privado sigue sus análisis en Twitter: @bguzqueda