• Caracas (Venezuela)

Boris Santos Gómez Uzqueda

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Boris Santos Gómez Uzqueda

Arabia Saudita y los precios bajos

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Arabia Saudita demostró ser un imperio económico. Su inmensa cantidad de dólares/euros ahorrados, sus negocios en energía y sus millones de barriles/día de producción/reserva de petróleo la sitúan en un cómodo lugar de la civilización. 

El precio del barril de petróleo está en caída e inquieta a todos, menos a Arabia.

Se desplomó desde los 115,15 dólares/barril (el 19 de junio 2013) a 50 estos días (barril tipo Brent), el precio más bajo desde mayo de 2009. Aunque el 24 de diciembre 2008 se situó en 32,27 dólares.

A fines de 2014 el número uno de la energía en Arabia Saudita, el ministro de Petróleo Ali al-Naimi, dijo sin ningún temor “que los precios actuales del petróleo se mantendrán en el largo plazo y que los precios del petróleo nunca volverán a 100 dólares” (Ref: Middle East Economic Survey). Acotó, además, al prestigioso Financial Times: “No está en el interés de los productores de OPEP el recorte de producción, sea cual sea el precio, ya sea de 20 dólares, 40 dólares...”. Lo que pareciera que busca Arabia Saudita es seguir conservando su papel de suplidor mundial de petróleo que últimamente se vio –digamos– algo amenazado por las nuevas tecnologías y tendencias de producción de petróleo no-convencional (shale oil y shale gas a través de tecnología fracking).

Los costos de producción de Arabia están entre 4/5 dólares/barril, de manera que sostener la actual producción en el Golfo Pérsico no es nada que les asuste, incluso si el precio estuviera en 20 por barril. Seguirían con gran margen, sumado a ello que en los últimos 20 años han consolidado economía, infraestructura y servicios a sus ciudadanos que con este bajón del precio nadie está atemorizado en países del golfo. Contrariamente en Venezuela o Bolivia que no se administró con sabiduría la “renta petrolera” como sí lo hicieron los árabes, entonces aquí sí tenemos que estar preocupados.

De momento, y en tanto no se perfeccione la tecnología y se reduzcan costes para el fracking, se necesitan entre 50/80 dólares para producir un barril desde reservorios de esquisto en Estados Unidos. Aunque, definitivamente, ya hay nuevos avances tecnológicos que de seguro van a seguir reduciendo la brecha de coste de producción entre petróleo/gas convencional vs. petróleo/gas no-convencional. “Ellos serán heridos mucho antes que nosotros sintamos algún dolor”, dijo el ministro árabe refiriéndose a ésta nueva pelea en el mercado entre producción convencional vs no-convencional.

Naturalmente pareciera que los socios OPEP están jugando a que los productores norteamericanos de shale-oil pierdan la paciencia y “boten la toalla” en la producción, aunque habrá que ver finalmente a cuánto pueden reducir sus costes de producción; pero a 20 dólares/barril como anunció el ministro árabe será un tanto complicado que la industria de esquisto (no-convencional) pueda competir.

El punto de este entuerto de mercado tiene por meollo central verificar si existe una industria norteamericana capaz de producir petróleo (desde el fracking) cuando el barril (del convencional) está en menos de 40 dólares. No olvidemos que este último quinquenio Estados Unidos vivió un verdadero boom de producción petrolera, haciéndose casi autosostenible (producción de petróleo y gas desde el shale).

La prestigiosa firma Goldman Sachs advirtió sobre el peligro que supone para la economía el haber puesto en negocios a futuro casi 1 billón de dólares (con B, billón o 1 trillón en la jerga anglosajona). De “caerse” estos negocios supondría que el mundo dejaría de tener en el mercado algo así como 7,5 millones de barril/día de nueva producción (desde el petróleo no-convencional) en la próxima década. Eso es casi 10% de la demanda mundial de petróleo actual perjudicando la producción futura de combustibles y productos petroquímicos.

En todo caso el gran mensaje para los países latinoamericanos atados a materias primas como Venezuela (petróleo) o Bolivia (gas natural) es que debieron, en su momento, haber generado reservas internacionales sólidas, proyectos energéticos de diversificación (valor agregado al petróleo y gas, por ejemplo) y haber invertido en otros portafolios. Como nada de eso se hizo habrá que tomar medidas de salvaguarda y eso, eso sí es tarea de magos más que de economistas.

 

*Consultor del sector privado