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Boris Santos Gómez Uzqueda

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Boris Santos Gómez Uzqueda

América Latina y España: nuevo enfoque

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Han sido 200 años de relaciones con altibajos entre países latinoamericanos y España. Desde la Independencia hasta los bicentenarios.

Entre otros, el profesor Joaquín Roy dice que se trata de una “relación muy especial, puede estar ya en la unidad de cuidados intensivos: la que implica a España con América Latina”.

Más allá de las consideraciones históricas, el siglo XXI se plantea globalizado. Desde las migraciones “en masa” de latinoamericanos a la Madre Patria hasta algunas nacionalizaciones de inversiones españolas en América Latina.

La ¿superada? crisis económica española y su reciente abandono de ideologías de izquierda podrían ser nuevos motivadores para ejercer un nuevo papel de “puerta de ingreso a Europa” para una América Latina que es briosa y que, en la perspectiva energética, guarda posibilidades de negocios en gas y petróleo tan importantes que América Latina va a ser un proveedor de materia prima pero también de productos energéticos de valor agregado que van a ser demandados por grande parte del mundo. Allí está la clave del nuevo enfoque: redefinir nuestras relaciones basados en comercio, en intercambio, en tecnología y en profundo respeto a diferencias y coincidencias. No vamos a negar, por lo menos quien escribe, nuestras raíces lingüístico-culturales tan ricas que vienen de toda la geografía española: desde el país vasco, pasando por el mundo catalán hasta Extremadura. La riqueza cultura/lengua de España es el vehículo fundamental de esta alianza de más de 300 millones de habitantes.

Infortunadamente, y de momento, el populismo hizo carne en algunos países de América Latina impidiendo, quizá, un mejor desarrollo de relaciones con España por el resurgimiento de algunas corrientes antihispanas pero que, con paciencia y globalidad, se van a superar bajo el influjo positivo de la tecnología.

La tecnología, las redes sociales concretamente, han aproximado al mundo y lo han reducido a una pantalla de smart phone y eso debe alegrarnos. Las nuevas generaciones hoy están preocupadas en ser emprendedoras y ganar dinero aparando cualquier rencilla y rencor.           

Me suscribo a la máxima que indica que “España y América Latina tienen un futuro compartido” producto del análisis que recientemente un grupo de intelectuales de España y este lado del mundo concluyeron sobre la realidad política, económica y social iberoamericana (en el marco de un evento de la Casa de América en Madrid, en un diálogo abierto organizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España con CAF –banco de desarrollo de América Latina–, mayo 2014).

La reflexión hoy en día está centrada en: obligatoriedad de promoción y profundización de la democracia en países de América Latina, búsqueda de nuevos focos de inversión en áreas concretas (energía, telecomunicaciones, construcciones), basados en una coincidencia mínima: el futuro de los hispanohablantes debe mejorar en comparación a los angloparlantes o sociedades del Asia que han alcanzado mejores niveles de crecimiento y desarrollo económico.

España será para América Latina siempre nuestro mejor aliado, nuestra antesala a Europa y nuestras raíces, hoy convertidas en anhelos de futuro, deben estar aferradas de la mano de visión de construcción de sociedades modernas, globales, integradas y competitivas. Debemos, por poner algún ejemplo, alcanzar el nivel de desarrollo de países del golfo: mucho petróleo y mucho gas con importantes inversiones y alianzas estratégicas, naturalmente preservando nuestros valores cristianos y culturales.

Sinergias compartidas serán útiles para la emergente economía de la energía de América Latina. Entre el PP español y el nuevo rey Felipe VI tienen la misión de continuar alentando, promocionando, patrocinando y avalando democracias en América Latina, repudiando autoritarismos y populismos.

Quizá un escenario que haya que revalorizar y rejerarquizar son las cumbres iberoamericanas de jefes de Estado y de gobierno, creando mecanismos más palpables de integración, por ejemplo: una carta energética España-Latinoamérica, fortalecer el papel de una Secretaría Permanente para Asuntos Tecnológicos y Comerciales; escribir una especie de “carta democrática” en donde España sea parte de una veeduría permanente para vigilar que la continuidad y línea democrática de países latinoamericanos no sea quebrada, y otros mecanismos de integración efectiva entre sectores académicos, empresariales y sociales.

¡Así vamos por el futuro!