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Roberto Clemente

Un día como hoy de la temporada de 1972, un bateador estigmatizado por una supuesta falta de poder en el plato, conectó el último jonrón de su carrera en las grandes ligas: Roberto Clemente. La creencia tiene asidero en las estadísticas, esa fuente que sólo muestra parte de la verdad. El tope de cuadrangulares del toletero boricua en una campaña, fueron sus 29 en 1966.

En un decenio donde la marca de fábrica de fuerza en el plato se identificaba a través de promedios anuales de poco más de 40 vuelacercas como los despachados por Willie Mays, Mickey Mantle, Henry Aaron, Frank Robinson u el puertorriqueño Orlando Cepeda, no costaba mucho convenir en que Clemente no pertenecía a esa cofradía de la fuerza. Incluso, el estacazo que cumple cuatro décadas fue el número 240 para el guardabosque de los Piratas de Pittsburgh. Mays, Mantle, Aaron y Robinson, acumularon cada uno más de 500 cuadrangulares de por vida, mientras Aaron pasó la barrera de los 700 y Mays la de los 600.

Sin embargo, hay atenuantes que evidencian que no todo lo señalado por las estadísticas se debe admitir con los ojos cerrados. Al menos en este caso. La mitad de los encuentros en los que Clemente tomó parte durante sus primeras quince campañas, se celebraron el Forbes Field, un parque cuyas dimensiones hicieron de él quizás el más inhóspito de toda la gran carpa, si de tratar de sobrepasar sus límites se trataba. Esa circunstancia obligó a Clemente a largar buena parte de sus conexiones hacia el jardín derecho, y no precisamente con la intención de botar la bola por esa banda.

Era una estrategia razonable.

De procurar batear hacia su banda, tal vez terminaba aumentando sus ponches.

Por otro lado, los pitchers contrarios, conocedores de su fuerza real, procuraban neutralizarla con envíos sobre la esquina afuera del home. Otro bateador ha podido caer en la tentación de tratar de halar la pelota, por simple orgullo. El resultado hubiese sido una catástrofe, expresada en los ya señalados abanicados, como en bajos promedios ofensivos. No obstante, las veces en que Clemente percibió a tiempo, que un lanzamiento se hallaba en su zona de poder, se dio el lujo de hacer swing grande. El resultado, varios de los cuadrangulares más largos apreciados en los estadios de la Liga Nacional.

En consecuencia, asimismo la decisión de ajustarse a las dimensiones del Forbes Field, si bien derivó en "únicamente" 240 vuelacercas, también ayudó a Clemente a acumular cuatro títulos de bateo y tres mil imparables en su pasó de dieciocho temporadas entre 1955 y 1972.

El 13 de septiembre de 1972, Clemente y los Piratas llegaron al Wrigley Field de Chicago a medirse con los Cachorros. Ferguson Jenkins, ya con 20 triunfos en su haber, abrió por Chicago.

Clemente le pegó un sencillo en el primer inning, un triple en el tercero, y después de recibir boleto en el sexto, descargó su jonrón en el séptimo para guiar a Pittsburgh a un triunfo de 6 a 4.

La esférica salió del estadio por todo el jardín central.

"Clemente bateó todo lo que le tiré", admitió Jenkins. "El sencillo lo conectó contra una slider. El triple ante una recta y el jonrón contra otra slider".

No fue un cuadrangular "casual". También fue su sexto de por vida frente a Jenkins, la máxima cantidad ante un sólo pitcher, igualada con el mismo número de jonrones ligados ante Sandy Koufax. Fue su último vuelacerca por culpa del destino. El 31 de diciembre de ese año 1972, Roberto Clemente falleció en un accidente aéreo en la costa de Puerto Rico a los 38 años de edad. ¿No tenía poder en el home? Otra leyenda tan negra como el color de su piel.

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Sobre el autor

Humberto Acosta

Periodista egresado d ela UCV. Escritor. Locutor. Comentarista de beisbol.

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