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¿Cuándo se extinguió la pasión por la gran carpa?

Mentiríamos si dijéramos que nuestra afición por las grandes ligas en particular ha desaparecido por completo. Cada apertura de Félix Hernández, o cada turno de Miguel Cabrera, reclama nuestra atención. Y no precisamente con la óptica del periodista. Ni qué decir de las aperturas de Johan Santana. Sobretodo en sus días con los Mellizos de Minnesota. Sin embargo, ese culto por las mayores no tiene la misma intensidad mostrada en nuestros días exclusivos como fanáticos. Es decir, antes de incorporarnos para siempre a una redacción deportiva. El punto más álgido de esas jornadas se dio entre 1962 y 1966 cuando Sandy Koufax era el as de los lanzadores en toda la gran carpa.

Tan intensa fue esa devoción por Koufax, que está por celebrarse el cuadragésimo sexto aniversario de su retiro, y aún bajo la más simple de las excusas, recordamos cualquier cosa relacionada con su paso por las grandes ligas.

El declive de esa pasión por las mayores, encarnada en Koufax, comenzó con la partida en 1966, y una que otra vez, trato de hallar en la memoria cuándo se extinguió.

Sólo que no de forma definitiva como ya señalamos al principio. Estamos ganados para la idea, de que la última temporada que seguimos con ese frenesí fue la de 1971. Debe ser así porque la atención que le prestamos a Vida Blue, el joven pitcher de los Atléticos de Oakland, y a los Piratas de Pittsburgh de Roberto Clemente, no se ha vuelto a repetir. No sé, tal vez con Dwight Gooden, el pitcher de los Mets de Nueva York entre 1984 y 1985.

Siempre hemos creído también, que en Blue y Gooden intentamos hallarle un sustituto a Koufax que nunca se materializó. En ambos casos, las drogas impidieron que tuviesen una travesía que hoy los tendría en el Salón de la Fama.

¿A qué viene toda esta reflexión de fanático trasnochado? Es que en una fecha como hoy, 1ro de septiembre de 1971, pasó a la historia como el día en que quizás por primera vez en las memorias de la gran carpa, un equipo saltó al terreno con nueve peloteros negros, entre estadounidenses y latinoamericanos. ¿Cuál fue ese equipo? Los Piratas de Pittsburgh.

Los Piratas se hallaban en el primer lugar del Este de la Nacional con cinco juegos de ventaja sobre los Cardenales de San Luis. Los Filis se encontraban de visita en Pittsburgh ese miércoles por la noche, y el manager Danny Murtaugh elaboró la alineación de los bucaneros con el panameño Reinaldo Stennett en la segunda base, Gene Clines en el jardín central, el boricua Roberto Clemente en el bosque derecho, Willie Stargell en el izquierdo, el panameño Manuel Sanguillén en la receptoría, Dave Cash en la antesala, Al Oliver en la primera base, el puertorriqueño Jacinto Hernández en el campocorto y Dock Ellis en la lomita del pitcher.

Al parecer, Murtaugh no pretendió pasar ex profeso a la posteridad. Es probable que el manager de los Piratas no supiera, si antes o después, ocurrió algo similar. Todo indica que el movimiento se debió a problemas físicos de sus titulares. Uno de ellos, el primera base Bob Robertson, un bateador derecho que en condiciones normales debió alinear porque el abridor de los Filis era un zurdo, Woody Fryman. Y Richie Hebner, el tercera base regular, no actuaba desde el 21 de agosto y no se incorporó sino hasta el 4 de septiembre.

Salvo el pitcher Ellis, la alineación original participó en todo el encuentro. Ellis fue reemplazado por Bob Moose en el tercer inning, pero la cuota afroamericana se restableció con la llegada del zurdo Bob Veale en el tercer acto. Se perdió para siempre con Luke Walter, el cuarto y último lanzador. Pittsburgh 10 Filadelfia 7.

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Sobre el autor

Humberto Acosta

Periodista egresado d ela UCV. Escritor. Locutor. Comentarista de beisbol.

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