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Luis Jiménez o el síndrome de Rocky Nelson

Concluida la semana anterior, Jiménez coleccionaba un promedio en bateo de 313 puntos y 81 carreras remolcadas, cifras topes entre los toleteros de los Rainiers de Tacoma, la sucursal AAA de los Marineros de Seattle en la Liga de la Costa del Pacífico. Además, en lo que representa su marca de fábrica, Jiménez sumaba 20 jonrones, sólo aventajados en los mismos Rainiers por los 21 de Carlos Peguero. No pocos aficionados se preguntan, por qué los Marineros una vez abierta la expansión de la nómina de las mayores a partir de septiembre, aún no han ascendido a la gran carpa al toletero venezolano, dadas las características de sus números. Podemos resumirlo en ese ejercicio de imaginación que hemos bautizado como "El síndrome de Rocky Nelson", pero la cosa no es tan sencilla. Incluso nada tiene que ver con el destello que presenten las estadísticas en un momento determinado.

En principio, que un pelotero sea incluido en el roster de 40 hombres, pudiera implicar un compromiso contractual a mediano plazo, de la organización con el pelotero. Hasta ahora, todo indica que en Seattle no lo quieren asumir con Jiménez. ¿Por qué? Los motivos pueden ser varios. El de mayor peso, proteger al jugador de la eventualidad de que pueda ser tomado por otra organización. Una protección que parte de la fe que existe en sus habilidades.

Observen que Seattle prefirió ascender a otro jugador con algunas similitudes a las de Jiménez, el dominicano Peguero. Un jardinero, al contrario de Luis que es un inicialista. Pero igualmente un bateador zurdo de poder.

¿Dónde está la diferencia? A simple vista en la edad. Jiménez tiene 30 años. Peguero 25. A partir del promedio de servicio en las mayores, a su edad ya Jiménez debería contar con tres o cuatro años en las grandes ligas.

Digamos que Jiménez tiene otras carencias. No es un defensor excelso de la primera base y su corpulencia atenta con sus desplazamientos entre las almohadillas. Dos características que pudieran obviarse sólo por su condición de zurdo, aunque como apuntamos, Peguero también lo es y posee cinco años menos. Jiménez ha podido ser otra versión del dominicano David Ortiz, el eterno bateador designado de los Medias Rojas de Boston.

Casualmente fue firmado originalmente por los mismos Marineros en 1992, pero sólo llegó a las mayores en 1997 y con los Mellizos de Minnesota. Quizás en Seattle estaba en el lugar y el momento equivocado, lo que suele ocurrir con frecuencia en la gran carpa.

Jiménez fue una firma original de los Atléticos de Oakland e inició su carrera en 1999, pero desde entonces ha pasado por las sucursales de los Orioles de Baltimore, los Dodgers de Los Ángeles, los Medias Rojas de Boston, los Nacionales de Washington y los Marineros desde 2011, sin contar una temporada completa en la Liga de Japón. Lo más desconcertante es, que es muy poco lo que Jiménez puede hacer por su causa. Y paradójicamente ha hecho todo lo que es capaz de hacer como lo demuestran sus estadísticas en 2012. Lo que no es una novedad porque en 2004 y en 2007 cerró la campaña con al menos veinte cuadrangulares.

Esperemos que su voluntad no decaiga. Si termina la temporada y no es llamado por los Marineros, Jiménez tendrá la oportunidad de ilusionarlos una vez más, a ellos o a cualquier otra organización, con sus dantescos vuelacercas en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional con el uniforme de los Cardenales de Lara. Sólo falta que esté en el momento y el tiempo adecuado. ¿Y el síndrome de Rocky Nelson? Mañana escribiremos de él. Esa es una historia que se las trae.

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Sobre el autor

Humberto Acosta

Periodista egresado d ela UCV. Escritor. Locutor. Comentarista de beisbol.

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