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Viento letal

Miguel Issa combina dos culturas en su obra, la del viejo continente y la occidental | Foto: Jhonatan Contreras

Miguel Issa combina dos culturas en su obra, la del viejo continente y la occidental | Foto: Jhonatan Contreras

Con vientos de nostalgia volvió a la escena El mistral , de Miguel Issa, justo cuando se conmemoran 10 años de su estreno en Caracas. Se trata de una obra perteneciente a una etapa de su autor fuertemente influenciada por su estancia de estudios en Francia a principios de la década pasada, de la que también da fe el regocijante dúo Chez Raymonde, sobre la sofisticada culinaria francesa. El mistral , que realizó recientemente un periplo de varias semanas por los teatros Nacional y Principal, finalizando en la Sala Anna Julia Rojas de Unearte, sintetiza los intereses perseguidos por Issa desde que inició su personal tránsito por las artes teatrales y del movimiento. Allí aparecen la dolorosa nostalgia como ámbito recurrente, la ruinosa decadencia y el humor compasivo, que acompañan irremediablemente a unos personajes que son en sí mismos arquetipos.

Entre el cabaret y el teatro y la danza expresionistas se ubica esta creación, que resulta difícil reducir a una etiqueta preestablecida.

Una fusión de elementos escénicos lograda con singularidad por Issa, lleva consigo la clave del espíritu de la obra: la evocación con carga reflexiva sobre un tiempo fastuoso y sombrío, tomando como referencia o excusa el fenómeno del también llamado maestral, el extraño viento frío y seco que sopla en el Mediterráneo justo en plena estación estival.

En reconocible correspondencia con lo que ha sido siempre su línea de investigación estética, desde que a principios de los años noventa irrumpiera en los ámbitos de la danza, el teatro y el canto, Issa en El mistral acude a un mundo espectral que evoca con conmovido sentimiento épocas y personajes brillantes ya perdidos para mostrar la realidad de su vacío y extravío.

Una veintena de intérpretes, suerte de bailarinesactores-mimos-cantantes, cobijados bajo una vieja y desvencijada carpa de circo, muestran la vida y la muerte, tanto individual como social, dentro de un divertimento teatral compartido y comprometido. Son por momentos seres vitales y también se presentan como entes fantasmales que deambulan dentro de un tiempo detenido.

De ideología y resolución estética obsesivamente europea, la obra posee también la impronta formal de Issa como creador, prisionero de los seres, los objetos y las circunstancias que le otorgan sentido de identidad, propio, en el que el dolor y el humor evocativo son esenciales.

Con este montaje impregnado de inesperada ventisca, Issa vuelve a una temática y una expresión recurrente que sirve de base conceptual a Dramo, la agrupación que desde un principio ha asumido este proyecto. La galería de personajes evadidos de su propio contexto que habitan en El mistral pueden conmover y también regocijar.

Lo dijo el cineasta holandés Joris Ivens: "El mistral es un viento famoso y excepcional en el mundo (...) Este viento regional toca todos los dominios: humanos, culturales, sociales, históricos y geográficos (...) Como fenómeno natural y metáfora viva anuncia cambios constantes que transforman la cultura y el mundo. Es un canto de cisne que atraviesa su vida y su carrera en un flujo de recuerdos, de sueños y de visiones".

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Sobre el autor

Carlos Paolillo

Periodista. Crítico de danza, investigador y gerente cultural

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