• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

Relevo coreográfico

El ballet venezolano posee vocación de modernidad | Foto: VTV

El ballet venezolano posee vocación de modernidad | Foto: VTV

La danza escénica latinoamericana constituye un laberinto creativo que ha mostrado rasgos de su propia identidad o, al menos, indicativos de pertenencia a un contexto particular. En América Latina, la diversidad de su riqueza cultural, junto con los conceptos y los códigos estéticos foráneos recibidos como significativas influencias, ha dado como resultado un producto singularmente local y universal a la vez.

El ballet como manifestación escénica de origen europeo y cortesano encontró un terreno apropiado para su establecimiento en Cuba, Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, México y Venezuela, países a los que a partir del siglo XIX llegaron bailarines, maestros y conjuntos extranjeros, algunos descollantes dentro del panorama europeo del ballet clásico y el neoclásico incipiente.

La primera mitad del siglo XX fue pródiga en presencia del ballet internacional y sus hacedores en el continente. Los conflictos bélicos mundiales trajeron hasta estas tierras creadores impensables, muchos de ellos arraigándose en ellas, convirtiéndose en precursores de un movimiento artístico llamado a tener notable repercusión.

El ballet venezolano posee vocación de modernidad, no obstante los basamentos académicos sobre los que se estableció. De allí que su aporte fundamental haya sido en el ámbito de la expresión neoclásica, con un señalado énfasis en la contemporánea. Ante la carencia de una sólida escuela de danza clásica y de posibilidades reales de acceder a su exigente repertorio, la tendencia en Venezuela se orientó hacia las manifestaciones vanguardistas mundiales. Cuatro voces fundamentales de la creación y la reflexión teórica del ballet venezolano así lo aseveraron en su momento.

Vicente Nebreda, coreógrafo esencial, establecía que "el ballet contemporáneo está más identificado con la idiosincrasia del país, y por ello se puede conformar un conjunto de alto nivel en un tiempo más corto que aquel que se necesita para formar una compañía de ballet clásico". La opinión de la primera bailarina Zhandra Rodríguez se orientó en la misma dirección y fue más lejos: "La formación integral clásica no existe en Venezuela. Los códigos artísticos y técnicos no pueden ser alterados en la danza académica porque dejaría de serlo, mientras que el ballet contemporáneo todos los días ofrece nuevas sorpresas".

La coreógrafa María Eugenia Barrios reforzó con su pensamiento los conceptos anteriores: "Hoy no hay distinción entre un bailarín clásico y otro contemporáneo. Existe un intérprete que es un instrumento versátil para cualquier tipo de creación en danza".

La visión crítica de Rubén Monasterios rechazó hace casi 30 años la idea de una compañía de danza clásica en el contexto nacional.

"Creo que el baile clásico nos es ajeno en varios sentidos: sus temas hádicos y principescos, y en general, la mitología que lo inspira, nada tienen que ver con el universo de referencias que más directamente nos compete".

En la actualidad, la coreografía en el ballet venezolano no representa un ámbito propositivo, no obstante su ímpetu vanguardista de otros tiempos. La nueva generación del neoclásico aún no se expresa con contundencia.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Carlos Paolillo

Periodista. Crítico de danza, investigador y gerente cultural

Histórico