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Posibles públicos

Los públicos de la danza suelen ser un enigma. Su valor no se determina mediante mediciones cuantitativas, que pueden ser meramente fortuitas y no siempre verifican la verdadera calidad del espectador. Se anhelan públicos nutridos, por sobre los educados o siquiera sensibilizados, olvidando, tal vez, que no hay audiencia irrelevante por escasa, numéricamente hablando, que esta sea. Las audiencias minoritarias terminan convirtiéndose en partícipes de un ritual intimista de profunda empatía entre ellos, mientras que las masivas sugieren fanatismo y también dispersión.

Preocupa, quizás en exceso, la cantidad del público y, en menor medida, la cualidad del mismo. Todavía con frecuencia se cuentan uno a uno los posibles espectadores, especialmente los interesados en las tendencias de la danza contemporánea, pero poco se actúa en relación con su estimulación, hecho determinante en su fortalecimiento y expansión. De poco vale una eventual convocatoria a un acto escénico si no se promueve la apreciación racional de lo que se ve.

Se especula sobre la desconexión entre los códigos de la danza experimental, tenidos como herméticos e impenetrables, y se responsabiliza al propio creador de tal situación. Los públicos, minoritarios o no, constituyen la razón verdadera de una obra del arte representativo. Algunas requieren de auditorios reducidos por sus mismas características conceptuales y formales, antes que de grandes masas expectantes.

Habría que diferenciar entre quien aprecia el hecho de la danza desde la butaca de una sala teatral, dentro de un espacio no convencional o desde su condición de peatón sorprendido. El primero suele ser estimulado y cautivo, mientras que los segundos, espontáneos y libres. En todo caso, lo verdaderamente significativo es la posibilidad que tiene quien observa de moldear su particular ejercicio de contemplador.

El desarrollo tecnológico ha traído consigo las visiones de un público alternativo, inaprensible y por tanto incontrolable. El anonimato y la masividad son sus características. ¿Cuántos acercamientos a la danza escénica ocurren diariamente a través de las redes? Estos públicos podrían contabilizarse por millones, y sus características, reacciones y respuestas resultarían también incuantificables.

Existe una dimensión en la aproximación de un tercero a la representación de la danza que la convierte en elemento esencial en la vinculación con un autor o un intérprete. Se trata de un estadio que supone un comportamiento activo por parte de quien aprecia, y contribuye decididamente a la resolución de codificaciones establecidas y mensajes propagados.

Quien logra una conexión plena al momento de enfrentarse con cualquier manifestación expresiva del cuerpo forma parte inseparable de la danza. Su papel no será meramente expectante, sino receptor de ideas, emociones y energías que motivarán y harán visibles las propias. Quien observa con conciencia también es un creador.

Una verdad siempre se impone: no hay danza sin públicos. Estos suelen ser insospechados y sólo serán determinantes si están preparados para hacerse sentir.

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Sobre el autor

Carlos Paolillo

Periodista. Crítico de danza, investigador y gerente cultural

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