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Gestografía de la pareja

La novena edición del Festival mundial de solos y duetos propició una mirada introspectiva  hacia  la danza escénica venezolana, que no se tradujo en un diagnóstico sobre su situación actual, aunque dejó en claro fortalezas y debilidades, convirtiéndose solo en vitrina donde poder apreciarse aunque fuera de manera general y periférica. Asimismo, el evento permitió restablecer algún modesto contacto con la danza contemporánea internacional, fundamentalmente con dos representaciones de interés provenientes de España y Suiza. 

Más de 20 agrupaciones nacionales independientes -seis de ellas procedentes del interior del país- mostraron dentro del festival rostros diversos de una misma realidad, la de una danza que no se observa plena ni expansiva, sino que persiste en una actitud de constante subsistencia. El muestrario presentado sobre lo que actualmente se realiza en el arte del movimiento permite la anterior aseveración y, sin embargo, también concluir que allí, en esos grupos, continúa encontrándose la verdadera fuerza potenciadora de la danza artística de Venezuela. 
Al lado de colectivos de ya larga trayectoria, alternaron nuevas asociaciones y hasta individualidades emergentes que procuran su institucionalización en busca de su propio espacio. Las iniciativas generadas desde el Estado compartieron el evento con el amplio y también desequilibrado ámbito que supone la danza independiente nacional.  

La participación de la compañía española Provisional Danza resultó un momento notable dentro del Festival de solos y duetos. Su directora, la coreógrafa madrileña Carmen Werner, ya conocida en el país, interpretó junto con Alejandro Moratta el dúo Eternos (Bach, Haendel), obra de singulares introspecciones sobre la pareja. En ella prevalece la expresión honda y el gesto sencillo. Se trata de un acucioso estudio sobre la relación entre dos sustentada sobre una base racional, casi científica, aunque de acuciante humanidad. 

La imposibilidad de comunicación orienta  las situaciones de la acción dual planteada por  Werner. Un mundo de cotidiana conflictividad se percibe de continuo que une y separa a los personajes que, despojada su ánima, muestran sin pudor sus alegrías y sus miserias. Largos silencios y estudio milimétrico del espacio escénico otorgan carácter específico de este acto que quiere alejarse de las convenciones partiendo de preceptos tanto expresionistas como posmodernos. En Eternos la frialdad conceptual no logra imponerse al drama humano. 

Un momento revelador y hasta desconcertante trajo al festival la bailarina suiza Denise Lampart. Su unipersonal Lung mei dragon lines (collage musical), creado junto con Susanne Linke, voz altamente representativa de la nueva danza expresionista alemana, como ideología habla de poder autoritario y de extrema represión. No hay historia ni narración lineal, solo una violenta situación que parte del abuso del poder y conduce al exterminio. Su espacialidad plomiza y asfixiante y su gesto corporal seco y riguroso enmarcan escénicamente un discurso tan apremiante como comprometido. 

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Sobre el autor

Carlos Paolillo

Periodista. Crítico de danza, investigador y gerente cultural

Histórico