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Estética y escuela

La coreografía es una experiencia de largo aliento. Lograr un discurso y una estética personales supone una sensibilidad atípica para aproximarse al cuerpo en sus distintas dimensiones expresivas, plásticas y musicales. Ser un auténtico creador de movimientos constituye una vivencia extrema que conduce al caos interno y al éxtasis creativo. 20 años de coreografía representan ya una historia dentro de este ejercicio. Ese mismo tiempo lleva Rafael González al frente de la agrupación Espacio Alterno, por él fundada, dentro de la cual ha desarrollado un modo escénico que lo particulariza, donde un depurado tratamiento visual prevalece.

La celebración de este aniversario ofreció un muestrario de obras de González concebidas para su colectivo, reunidas en torno a un espacio ritual. La Sala Anna Julia Rojas de Unearte acogió 10 planteamientos escénicos representativos de los distintos momentos en los que fueron concebidos. Un introito esteticista permite vislumbrar la concepción del ceremonial escénico y plástico que luego vendría.

Unos cuerpos de bailarines deambulan en medio de un entramado luminoso al cual llegan a integrarse plenamente. La imagen da la idea de un concilio, aunque la conducta individual se impone por sobre la visión colectiva.

Sobre la escena, una a una se desarrollan las acciones corporales guiadas por los impulsos espirituales que unifican a los intérpretes en un solo rito teatral. Desde Hereje , unipersonal de connotaciones místicas y perversas a un mismo tiempo, estudio en diagonal a ras de tierra que busca una fusión plena con la condición animal, hasta Aqua , acto de purificación y liberación en el que la improvisación como concepto conduce a un movimiento expansivo y finalmente aniquilador, González da cuenta de un mundo propio, no meramente cromático, sino sobre todo introspectivo.

Los 20 años de Espacio Alterno sirvieron para ratificar la existencia de una escuela de danza surgida de las directrices artísticas de Rafael González, que ha logrado no únicamente mantenerse sino también diversificarse en otros proyectos surgidos de las manos de sus discípulos. Desde su influencia inicial recibida de Grishka Holguín, hasta su desarrollo profesional cumplido al lado de José Ledezma, este coreógrafo caraqueño logró singularizar su codificación estética a través de una fusión casi inédita de preceptos y técnicas formales con nuevas tendencias del movimiento, todo unido a su claro interés por el cuerpo escultórico y el cuerpo cinético, devenidos en una nueva visión del virtuosismo, donde la investigación del movimiento se une a una honda visión plástica del movimiento.

De esta reconocible escuela han surgido nuevos intérpretes y sus correspondientes voces, algunos poseedores de sólidas carreras en el exterior. Constituyen una generación de intérpretes inscritos dentro de las corrientes de la llamada danza posmoderna, poseedores, sin embargo, de dotes versátiles que les impide acogerse bajo una única etiqueta.

Las dos primeras décadas de Espacio Alterno apuntan, esencialmente, a la consolidación de un concepto y una estética compartidos y diversificados, todo a partir de un tronco común que permanece.

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Sobre el autor

Carlos Paolillo

Periodista. Crítico de danza, investigador y gerente cultural

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