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Espartano magisterio

Formó parte de un grupo de mujeres fuera de serie que llegó a Venezuela procedente de distintos lugares de Europa, entre los años treinta y cincuenta del siglo pasado, para establecer el ballet clásico en Venezuela. Nina Nikanorova, la enérgica y motivadora bailarina nacida en Tver, Rusia, establecida en el estado Carabobo a finales de 1947, estuvo llamada a estimular y desarrollar la danza académica en la región central del país. Lo hizo con férrea determinación y espíritu indetenible casi hasta su fallecimiento, ocurrido recientemente a los 90 años de edad. Fue una de las "hadas" del ballet venezolano, así llamadas alguna vez por un joven bailarín las maestras precursoras de este esforzado movimiento artístico, que casi con heroísmo lograron posicionarse en el medio nacional.

Sus vehementes deseos de libertad, así como su inquebrantable vocación hacia el escenario y la enseñanza, la guiaron hasta Venezuela siguiendo, como siempre lo afirmó, el ideario de Simón Bolívar, que conoció a través de sus lecturas de juventud. Llegó a Puerto Cabello, junto con su esposo, hija y otros refugiados de la guerra, circunstancia en la que se vio duramente envuelta pero que nunca la amilanó, asegurando que bailó hasta en los campos de concentración. También lo hizo apenas tres días después de llegar a Carabobo en una función realizada en el Teatro Municipal de Valencia, organizada por la Sociedad de Amigos de los Inmigrantes, recién constituida.

Ese mismo ímpetu demostró cuando por iniciativa de Luis Taborda, influyente personalidad en la región y quien fuera cronista de la histórica actuación de Anna Pavlova y su compañía, en el Teatro Municipal de Puerto Cabello, funda la Escuela de Ballet de la Gobernación del Estado Carabobo, que inicialmente abrió sus puertas en la casa del general José Antonio Páez, sede del Instituto de Bellas Artes, el 15 de septiembre de 1948. Nikanorova elaboró para este nuevo centro educativo un programa de estudios basado en los preceptos esenciales de la escuela rusa de ballet, a través del universalizado método de enseñanza de Agrippina Vaganova.

La escuela, que comenzó a funcionar de manera gratuita, pudo reunir a un número importante de alumnas. Mayor dificultad tuvo para incorporar talentos masculinos. Sin embargo, los nombres de Alfredo Pietri y Carlos Nieves se ubican como estudiantes fundadores de este proyecto y primeros receptores de las enseñanzas de la maestra en Venezuela. En 1959, Nikanorova crea también el Grupo de Danza Moderna de la Universidad de Carabobo, bajo su dirección durante una década. También, se cuenta en su haber la iniciativa de participar, personalmente y a través de sus alumnos avanzados, en algunos de los seminarios y concursos internacionales de ballet de mayor prestigio y competitividad mundiales, tales como los de Moscú, Varna, Jackson y Nueva York.

La trascendencia de Nikanorova como maestra queda avalada a través de su muy vasto alumnado. Algunos de ellos accedieron a la dimensión profesional, logrando realizar apreciadas carreras nacionales e internacionales, como los casos de Ileana López, Franklin Gamero y Héctor Montero.

Nina Nikanorova no solo ejerció un espartano magisterio. Fue también una voluntariosa gestora de la danza, hecha a prueba de reticencias e incomprensiones.

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Sobre el autor

Carlos Paolillo

Periodista. Crítico de danza, investigador y gerente cultural

Histórico