• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

Baile mancomunado

Un aniversario lleva consigo un sentido conmemorativo. Representa el recuerdo y la reafirmación de un hecho significativo que conduce a su exaltación. Tres efemérides coincidentes reúnen en un mismo festejo a la Fundación Teresa Carreño, que rememora los 30 años de la apertura de su Complejo Cultural; la Fundación Compañía Nacional de Danza, que cuenta con 7 años de actividades en la difusión de la danza tradicional y la danza contemporánea; y la Universidad Nacional Experimental de las Artes, plataforma académica multidisciplinaria que cumple 5 años de su creación.

La Sala Ríos Reyna recibió el pasado domingo a los elencos de estas instituciones en un concierto mancomunado en el que no sólo se pudo apreciar sus individuales desempeños escénicos, sino que también permitió una aproximación a la danza que desde estos ámbitos se crea y proyecta en la actualidad. En medio de la diversidad de propuestas, hubo un interés compartido, la indagación en culturas de identidad, que pareció hilvanar el discurso coreográfico contenido en las obras presentadas.

El conjunto tradicional de la Compañía Nacional de Danza ha asumido el reto de teatralizar los ritos y las fiestas populares buscando respetar lo genuino de cada expresión, pero también asumiendo los ineludibles preceptos que norman la escena. Gaita de Tambora y Joropo Llanero Cortejo, presentes en el referido concierto, constituyen claros ejemplos de lo señalado: investigación bajo la tutoría de cultores genuinos, y resolución formal de su esencia al momento de ser llevadas a las tablas. El logro de una propuesta estética que no desvirtúe los impulsos originarios de estas manifestaciones y una conexión emocional con el espectador son claros y esperados resultados. Por su parte, el elenco de danza contemporánea de la Compañía Nacional interpretó El cambote, obra de Félix Oropeza que aborda el cuerpo en su dimensión social. Una instintiva motivación dentro de un contexto popular urbano orienta esta obra de espíritu libre y desenfrenado. El Ballet Teresa Carreño llevó una vez más a la escena La luna y los hijos que tenía, la obra de Vicente Nebreda sobre la génesis racial del nuevo mundo, que ya abandonó el halo de controversia antropológica que siempre la rodeó, para asumirse ahora como un fresco escénico de elaborado exotismo.

Un interesante contraste propició esta muestra al incluir dentro de su programa dos planteamientos universales de fría abstracción y dura experimentación.

Reflejos, de Rafael González, a cargo de seis precisas bailarinas de la Compañía de Unearte, multiplica lumínicos espacios de asfixia y violencia, donde la armonía y el equilibrio emocional resultan improbables. Por su parte, Linear Remain, del español Rafael Bonachela, apela a una asepsia extrema y a un meticuloso diseño espacial, en medio del cual los integrantes de la Compañía Nacional de Danza se muestran como un todo depurado y como atrayentes individualidades.

El concierto de danza de la Sala Ríos Reyna resultó un espacio privilegiado para celebrar e igualmente imaginar otros momentos reivindicativos para las artes del movimiento en Venezuela.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Carlos Paolillo

Periodista. Crítico de danza, investigador y gerente cultural

Histórico