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Andreína re-descubierta

Andreina Womutt, bailarina contemporanea / Foto: counciloflove.com

Andreina Womutt, bailarina contemporanea / Foto: counciloflove.com

La tercera generación de creadores de danza contemporánea en Venezuela, forjada desde mediados de los años setenta, fue heredera de los principios esenciales de la modernidad recibidos de la fuente directa de sus antecesores. A ella perteneció Andreína Womutt, bailarina poseedora de un registro interpretativo difícil de equiparar en la actualidad, cuya memoria fue recordada y exaltada su condición artística en un homenaje reciente realizado en la sala Anna Julia Rojas de Unearte. Naturaleza viva fue llamado, nombre de una obra emblema, concebida para ella por José Ledezma, su maestro fundamental, que sintetiza a plenitud su ideal expresivo.

El tributo buscó, adicionalmente, reconstruir el tiempo histórico en el que Andreína se desempeñara como primera figura de la danza escénica, especialmente en el Taller de Danza de Caracas, pero también en Danzahoy y Rajatabla Danza, proyecto del que fue cofundadora. Con ese objetivo, fueron convocados algunos de sus compañeros más cercanos, con los que transitó por los laberintos de la creación dancística. Algunas de sus obras fueron repuestas en una suerte de íntima transferencia de lenguajes estéticos a las nuevas promociones de bailarines.

Fue así como volvió a la escena Art noveau, unipersonal creado por Abelardo Gameche para sí mismo hace tres décadas, profundo ritual de introspección apartado de cualquier codificación formal preexistente, que significó una sorpresiva indagación de vocabularios alternativos por parte de este novel coreógrafo inquieto y provocador. Del mismo modo, Macarena Solórzano revisó Para Andreína, su ópera prima, concebida durante ese mismo tiempo y hecha a la medida justa de Womutt como ejecutante, precisa y versátil, que fusiona imperceptiblemente una determinada codificación técnica con la gestualidad cotidiana. Los jóvenes intérpretes Alexis Sulbarán y María Daniela Pérez asumieron con convicción ambos procesos de aprehensión de ademanes y movimientos pertenecientes a otro cuerpo y otro espíritu.

Tres obras solistas más recientes, pertenecientes a otros pares escénicos de Andreína, también fueron representadas en la muestra de danza: Mara de Yuri Cavalieri, abstracción de movimientos surgida de la visión de un ángel terrestre; Translúcidos de Rafael González, solo de intrincado concepto y altos valores estéticos; y Con los ojos limpios de Luis Armando Castillo, acto libre de convenciones creado desde la improvisación, espontáneo y doloroso. En el tributo en su honor, Andreína Womutt se vio de nuevo en el escenario. Dos registros audiovisuales históricos, intervenidos por el videoartista José Reinaldo Guédez, fueron proyectados para el recuerdo de muchos, el descubrimiento de los más jóvenes y la admiración de todos: Medea de Grishka Holguín y Natura- leza viva de José Ledezma, que contienen, quizás, sus momentos interpretativos más elevados. El final fue con largos aplausos para la bailarina, situada frente al antiguo telón de boca diseñado por Jesús Soto para la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño.

El recital escénico Natura- leza viva volvió a revelar ante todos a una bailarina notable, anteponiéndola, sin proponérselo, a lo que hoy en día se asume como un intérprete de danza.

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Sobre el autor

Carlos Paolillo

Periodista. Crítico de danza, investigador y gerente cultural

Histórico