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Academia y creación

Lienzo de la Escuela de Danza De La Ópera de París, pintado por Edgar Degas

La Escuela de Ballet de la Ópera de París, de cuya fundación se conmemoran 300 años, constituye junto con las escuelas rusas de los teatros Marinsky y Bolshoi uno de los referentes universales más elevados en cuanto a formación en danza académica se refiere. Atesora una rica tradición meticulosamente preservada en sus aspectos conceptuales, estéticos, técnicos y metodológicos, hasta los tiempos actuales de principios del siglo XXI.

Este histórico aniversario permite una reflexión sobre el tema de la formación del bailarín más allá de las estructuras y los contextos señalados, no con el ánimo de establecer comparaciones indebidas, sino con el interés de aportar al definitivo abordaje en Venezuela del factor escuela en el desarrollo de la danza académica, pudiéndose extender su mirada hacia las otras expresiones de la danza escénica.

La educación de un intérprete debe tomar en cuenta, como punto inicial, la diversidad de consideraciones sobre lo corporal acumuladas durante siglos y las codificaciones estéticas que de ellas han surgido. Formar a un ejecutante significa moldear un todo indivisible, su espíritu y sus potencialidades físicas. De la esencial libertad del hecho creador deben surgir los procesos de enseñanza en la danza, cualquiera que sea su género, estilo o tendencia.

La educación en el movimiento ha representado un espectro complejo en su tratamiento. El rasgo fundamental lo encontramos en la educación no formal, es decir, en los estudios no academizados. A través de esta modalidad se ha desarrollado históricamente el mayor número de profesionales de la danza escénica. Esta concepción representa una fortaleza en el estudio de la danza y de las artes en general que no debe ser desestimada. Muy por el contrario, debido a su largo desempeño y a la clara evidencia de sus resultados, la educación informal, desde un punto de vista estratégico, requeriría de estímulo, nuevas miradas y redefiniciones, a fin de potenciar sus logros.

Los caminos de la formalización académica han llevado consigo esfuerzos valorables en la elaboración de teorías y diseños curriculares, planes y programas de formación, perfiles de ingreso y egreso, estrategias de aprendizaje y evaluación, aplicables a distintas realidades de la danza, así como consideraciones acerca de sus conexiones con otras dimensiones del quehacer creativo.

En algunos ámbitos sociales y políticos, la formación en danza ha buscado trasladarse, incluso, a la dimensión de sistema de enseñanza, de modo de engranar la educación elemental con la media y la universitaria. Cualquiera que sea la consideración, la educación formal y la no formal constituyen espacios complementarios, nunca contrarios ni excluyentes. Ambas maneras de concebir la formación pueden coexistir e interactuar como base fundamental de la profesionalización de sus hacedores, anteponiendo las singularidades de esta disciplina escénica.

La síntesis entre los valores del conservatorio y los de la formación academizada representa un ideal por alcanzar. La profunda especialización debe imponerse ante todo. Sólo a partir de ella la danza podrá establecer un diálogo enriquecedor consigo misma y con otros mundos posibles de la creación.

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Sobre el autor

Carlos Paolillo

Periodista. Crítico de danza, investigador y gerente cultural

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