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Ni varón ni hembra, sino tercer sexo

Los intersexuales no son un accidente de la naturaleza | Foto: El Nacional

Los intersexuales no son un accidente de la naturaleza | Foto: El Nacional

Desde hace tres años f irma como Daniela Ruiz. Pero cuando nació, en 1981, no dudaron en bautizarlo Luis Fernando, igual que su padre y el abuelo paterno. Si escarba en recuerdos de su infancia no hallará más que días tristes, tanto de la escuela como del liceo en el que fue blanco de ataques físicos y verbales por quienes se creían los reyes de la masculinidad. De modo que antes de cumplir los 30 años de edad decidió asumir -pese a tener algo similar a un pene- que no era hombre ni gay, sino mujer. "Para dar el paso tuve que salir del país y operarme en España". Quien brinda esta confesión, sin atreverse a dar la cara, es hoy una linda chica de 32 años de edad, enfermera auxiliar de una clínica, con novio y recién liberada de los trastornos que le ocasionó su intersexualidad.

"No se trata de un fenómeno nuevo e incluso, en honor a la verdad, no deberíamos llamarlo fenómeno", explica el psiquiatra Aldemaro Vaamonde, quien ha tenido frente a sí a jóvenes inseguros de su sexo con los que ha lidiado para evitar que las agresiones que reciben los lleven a la depresión o al suicidio. "Desde hace 30 años para acá el mundo cambió de forma vertiginosa la percepción en los médicos de lo que hoy significa femenino y masculino. Ya no nos limitamos a un asunto de estrógenos y testosteronas. O al tema de que al nacer un bebé tenga los cromosomas sexuales XX o XY. Hay eventos en los que el cuerpo no fabrica ciertas enzimas, de tal forma que un varón con testículos activos y deficiencia de alguna de esas enzimas puede feminizarse. O alteraciones en las glándulas suprarrenales congénitas pueden ser factores que hagan que niñas con cromosomas XX, al nacer se presenten con clítoris grandes, labios pequeños o sellados y ausencia de vagina. Son cambios que ocurren en el útero, no son heredados, pero se traduce en cambios en el desarrollo genital", escribe el médico colombiano, al confirmar que apenas entramos en un universo poco conocido: el de la intersexualidad.

Ni Luisa ni Luis. Ciertamente, ya dejó de mencionarse con asom- bro el término tercer sexo. Alemania este año rompió la barrera ideológica que definía el género y desde enero no hay solo masculino y femenino en las casillas de las partidas de nacimiento, sino también el sexo indeterminado. Con esta medida se quiere evitar que los padres estén obligados a registrar un bebé bajo los renglones de hombre o mujer, aún en el caso de que el sexo sea ambiguo. En ese país nacen cada año 400 bebés intersexuales. Se les conoce como hermafroditas, término que hoy va provisto de una carga semántica lesiva e imprecisa, por lo que desde 2006 se optó por definirlos como intersexuales.

En Venezuela no existen cifras precisas porque no son manejadas por el Ministerio de Salud Si se le mira desde la óptica de quienes se fanatizan, al punto de decir "millones y millonas", el asunto no debería ser tan complicado. Un niño nace sin genitales claros de chico o chica. ¿Qué probabilidades hay de que los padres acierten? Los científicos dicen que 50%. De ese porcentaje depende que sean personas que crezca n, se eduquen y tengan la imagen social acorde con lo que son y sienten, tal y como lo define su partida de nacimiento. Pero, si no es así, podría tratarse de un intersexual que, generalmente después de una adolescencia muy complicada debe, al llegar a adulto, ajustar todo con lo que no se le asignó de pequeño.

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Sobre el autor

Elizabeth Araujo

Periodista, presidenta de NewsPress Comunicación, profesora de la UCAB y colaboradora de los diarios Tal Cual y El Nacional

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