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Los tatuajes son la nueva fuente del erotismo

Rafael González no lo olvida. Lo primero que vio en Tamara aquel sábado en la playa no fueron los ojos verdes ni las atractivas caderas, sino el águila cobriza que resbalaba por la espalda de quien hoy es su esposa. “No sé qué me pasó, pero hallé en ese dibujo algo misterioso, que todavía me excita”, confiesa el publicista, de 32 años de edad, al admitir que, aunque no es un fetichista consumado, no puede dejar de mirar el tatuaje de una mujer.

No es algo para extrañarse. La psicóloga Inés Montes confirma que, tal y como ocurre con una joya, un buen maquillaje o un sombrero el tatuaje ha sido considerado siempre más que un accesorio de belleza: "Hoy parece añadirle el pequeño toque de fantasía que convierte la piel en una extensión de nuestros atractivos eróticos”.

Montes –ella misma lleva un tatuaje en la zona púbica– cita la investigación realizada en 2011 por Sandra Liliana Meneses e Indira Robledo, psicólogas de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, a través de la cual recogieron información, mediante entrevistas a hombres y mujeres tatuados, sobre la connotación que esas personas les dan a los dibujos en sus cuerpos.

“Entre las respuestas más frecuentes sobresalía la de dar un significado sexual, es decir, relacionaban el tatuaje con un modo de lograr mejores resultados en el cortejo, al asumirlo como señal en el terreno sexual, lo que aseguraba encuentros exitosos”. La especialista sospecha que inclusive el papel de embellecimiento que ciertas personas le asignan es entendido también como parte del comportamiento implícito de cortejo o significado erótico.

Fetichismo del siglo XXI. Esa idea de decorar el cuerpo se diferencia de la práctica antigua de “marcar el cuerpo” para indicar la pertenencia a un clan, secta o, inclusive, a quienes se alistaban para ir a la guerra. “Hoy el carácter erótico del tatuaje depende principalmente del lugar en el que se haga y no tanto del motivo en sí”, explica el merideño “Rau”, un abogado que cerró su bufete para hacer del tatuaje y del piercing obras de arte, al tiempo que se ha asegurado un buen modo de ganarse la vida. Rau, quien atiende a sus clientes –generalmente del sexo femenino– en un modesto local en Chacaíto, saca a relucir su frase preferida: "La marca corporal es seductora para la vista, pero también para el tacto”. Dice que en sus 14 años como artista del tatuaje ha cincelado pechos, espaldas, brazos, ombligos, vaginas y hasta penes, este último una zona difícil de tatuar y, por tanto, más costosa. “Tengo en mi haber cerca de 1.500 tatuajes y piercing”, dice con aire de falsa modestia.

Rau asegura que actualmente 6 de cada 10 caraqueñas menores de 30 años de edad llevan un tatuaje o piercing. Entre los hombres la práctica de tatuarse es menor. Defiende esa moda como atractiva, barata y democrática. “Basta con montarte en el Metro y ver a chicas tatuadas, tanto de los barrios como de la clase media, para darte cuenta que el tatuaje es el fetichismo de este siglo”, resume.

Zona erógena. De acuerdo con Rau, hay tatuajes discretos, como pequeños animales o estrellas en un brazo, tobillo o pies, hasta los más atrevidos en pechos, nalgas y genitales. El abdomen es zona ideal para tatuajes de grandes dimensiones, de líneas delicadas o de muchos detalles. Además, se ocultan con la ropa, por lo que son fáciles de disimular. Rau advierte que los tatuajes en la zona de las costillas suelen ser dolorosos.

Piernas, muslos, pantorrillas, pies, plantas, dedos y tobillos son sitios muy elegidos para los tatuajes. Por lo general, quienes optan por diseños más delicados prefieren los tobillos y los pies, mientras que los que quieren diseños más grandes y con muchos detalles les agrada la zona de la pantorrilla y del muslo. Brazos, manos, muñecas, dedos y axilas son lugares para elegir. “Hay quienes se tatúan los codos”. Tatuajes en las manos y muñecas no son los más elegidos, son zonas dolorosas y sólo admiten pequeños diseños. Las axilas son áreas bastante exóticas en materia de tatuajes. La espalda es considerada como la mejor zona para quien desea un gran dibujo de múltiples detalles. Además, permite diseños de todo tipo y es una de las zonas menos dolorosas.

Genitales. Aunque parezca mentira, Rau dice que las nalgas son áreas dolorosas, y como no son planas les convienen tatuajes pequeños y medianos. Considera el pubis interesante. “Para mí es como coronar el monte Everest”, dice Rau, al referir que con esos diseños las mujeres completan el atractivo de la zona rasurada. El trabajo más difícil: el tatuaje e inserción de piercing en el pene. Por tanto, más costoso.

Consejos a tiempo

Mantenga el tatuaje tapado con gasa por cuatro horas. La venda sirve para protegerlo de bacterias, la luz solar, el polvo. No deje que lo cubran con plástico porque aumenta la temperatura en la herida y hace que se acumulen sangre y fluidos.

Para la limpieza utilice agua tibia y jabón neutro (de glicerina, por ejemplo). No use jabones con perfume o que contengan alcohol. Pueden irritar la herida y hasta dañar el tatuaje. Limpie la zona dos o tres veces al día el primer mes. Use sus propias manos en vez de una esponja o algo que pueda raspar la piel herida.

Use una crema antibiótica durante una semana ya que ayuda a prevenir infecciones. Algunas pueden ser graves, como las infecciones por SARM que afectan tanto tatuajes como piercings.

No hay problema con darse duchas desde el primer día. Sólo tenga la precaución de no empapar el tatuaje y aclarar de prisa el jabón o champú. Tampoco lo restriegue con la esponja o toalla.

Conviene evitar bañarse en piscinas o en el mar en las dos primeras semanas o hasta que el tatuaje cicatrice. Igual debe protegerse del sol, que irrita la piel si el tatuaje es reciente, y hace que pierda brillo o color.


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Sobre el autor

Elizabeth Araujo

Periodista, presidenta de NewsPress Comunicación, profesora de la UCAB y colaboradora de los diarios Tal Cual y El Nacional

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