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La homofobia a veces es revolucionaria

La homofobia a veces es revolucionaria | Pinilla

La homofobia a veces es revolucionaria | Pinilla

 “¡Que cada quien haga con su c... lo que le parezca!”. La frase no se escapó de algún recinto penitenciario ni de un baño maloliente sino de la Asamblea Nacional. Para mayor precisión, salió de los labios del jefe de la fracción parlamentaria del PSUV, la semana pasada, en transmisión televisiva y en horario “todo público”. Justo en el instante en que Pedro Carreño explicaba su concepto de tolerancia sexual, las cámaras del canal ANTV se posaba sobre el rostro de María Corina Machado, con el propósito de arrancarle de manera sádica una imagen de molestia y desagrado. La revolución bolivariana había hincado sus dientes nuevamente sobre la homofobia de la cual, en estos 15 años, han hecho gala, entre otros, el finado presidente fallecido Hugo Chávez y el entonces candidato Nicolás Maduro.
“Esa expresión del diputado Carreño y más tarde la burda aparición del presidente Maduro, a manera de excusa, con supuestos miembros de la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales, hablan claramente de que las revoluciones, cualquiera que sea su signo, no aman la tolerancia sexual, y no es casual que hoy en Rusia se acabe de aprobar una ley antigay”, sostiene Vladimir Seijas, abogado y activista de la Liga por los Derechos de los Sexodiversos, quien ha debido luchar literalmente contra la conducta homofóbica que prevalece en el país, y que su “mejor” expresión, sostiene, es el espectáculo que ofreció el diputado Carreño, “cuya ignorancia lo ha llevado a pensar que la sexodiversidad ocurre sólo en la oposición”.
 
La moral de los homófobos. A juicio del coordinador de Acción Zuliana por la Vida, Johan León, en el episodio Carreño hay dos elementos visibles: un patrón de la cultura venezolana y la concepción ideológica de los llamados sectores revolucionarios. “Cuando luchamos por el matrimonio igualitario para el colectivo sexodiverso, estos mismos políticos responden que Venezuela no está preparada”, indica.  León considera que en el oficialismo se niegan a asumir estos cambios, aunque en este sector haya homosexuales que se cohíben.
“En el caso de Pedro Carreño se trata de un homofóbico y sus opiniones son valederas pero no respetadas. Son valederas porque tiene un cargo representativo. Pero esa no es su opinión sino la opinión del Gobierno que él dice defender”, asegura.
León sabe de funcionarios homosexuales del Gobierno, y de la oposición, lo cual, a su juicio, no constituye un tema para las alarmas. “No voy a decirte nombres, porque no voy hacer como Carreño, y porque la vida personal de cada quien es su asunto. Pero hay gente que tiene conflicto con eso. De modo que cuando alguien le dice ‘maricón’ a otro, es porque estás frente a un homosexual reprimido. Los homofóbicos son homosexuales reprimidos”, asegura.

La cultura machista
 
Tanto para Johan León, coordinador de Acción Zuliana por la Vida, como para Vladimir Seijas, activista de la Liga por los Derechos de los Sexodiversos, la homofobia tiene un punto de partida: la cultura machista, que se propaga a través del chiste facilón que descalifica mediante la burla. Coinciden también en que esa conducta nace en la casa y en la escuela. No dudan de que cuando un niño o niña tiene modales diferentes, y son objeto de burlas, se adentra en el terreno de la homofobia.
“Lamentablemente somos machistas patriarcales, y en esto sale perjudicado el niño o el sexodiverso”, dice Seijas. León añade que en Venezuela no se discute sobre diversidad sexual en ningún organismo, ni en las escuelas, ni en el sector salud: “Cuando un transexual quiere cambiar de sexo, pasa un verdadero viacrucis porque no lo quieren operar y el rechazo es general. En ese aspecto vivimos momentos difíciles, como cuando las personas de razas eran discriminadas. Así sentimos nosotros con la homofobia, porque sentimos que estamos en la mira”.
Lo insólito del episodio Carreño es que el propio Fidel Castro debió reconocer en estos días el gran error de su gobierno al discriminar a los gays en el vergonzoso caso de “los Marielitos” en 1975, cuando muchos homosexuales fueron execrados de la isla revolucionaria. Una actitud en la que Pedro Carreño se habría basado para gritar a los cuatro vientos que, mucho peor que la supuesta corrupción en la que habían incurrido supuestamente los dirigentes de Primero Justicia, era su condición de “maricones”.

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Sobre el autor

Elizabeth Araujo

Periodista, presidenta de NewsPress Comunicación, profesora de la UCAB y colaboradora de los diarios Tal Cual y El Nacional

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