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La cuenta de crédito

La noche del 12 de octubre de 2008 fue especial para César Farías. Su proyecto al frente de la selección nacional se tambaleaba luego de tres derrotas seguidas, la última de ellas ante Brasil (0-4), que había convertido a Pueblo Nuevo en una olla a presión. El día siguiente, la Vinotinto tomó un avión y cruzó el país para recibir a Chile en la tranquila Puerto La Cruz, una ciudad que le permitió al equipo respirar aire fresco tras el agobio de un ciclo que peligraba por culpa de los resultados y del cortísimo respaldo que tenía entre la gente en ese momento.


El guión que eligió el técnico para esa función incluyó siete cambios de jugadores con respecto al partido anterior: Chacón, Boada, Rojas, Vielma, Mea Vitali, Vargas y Guerra salieron. También una modificación en el dibujo, que en San Cristóbal tuvo a tres volantes y a un delantero y que en Puerto La Cruz retomó el habitual 4-4-2. Aquel sistema no volvió a asomarse en los planteamientos del técnico y para varios de esos jugadores, aquel fue el último partido que jugaron con la Vinotinto.

La victoria ante Ecuador (3-1) aquella noche no sólo salvó el proyecto de Farías, también multiplicó el crédito de algunos futbolistas como César González, Franklin Lucena y Roberto Rosales, quienes pasaron a ser insustituibles en los esquemas. Otro como Alejandro Moreno, de gran desgaste ese día, dejó de ser la novedad de la convocatoria para convertirse en uno de los recursos habituales del DT cuando quería una labor táctica específica.

El paso del tiempo permitió conocer que en la mente del seleccionador, el cambio de actitud de un partido a otro fue tan bien ponderado que el mismo Farías lo reconoció como una muestra de lealtad, un valor muy bien calificado en su escala.

El partido del pasado martes en Asunción guarda algunas similitudes con aquel encuentro. Si bien el actual proyecto ha acumulado suficientes méritos como para no ver cuestionada su gestión por un puñado de derrotas, la presión que se había suscitado alrededor era también muy grande. Sería ingenuo pensar que los seis cambios que realizó el equipo entre el partido de Perú y el de Paraguay eran sólo una respuesta populista o una patada de ahogado. Los cambios respondieron a una idea de juego, no obstante, entre líneas había un mensaje que llamaba a refrescar el espíritu del equipo.

La apuesta tuvo sus riesgos. Como los tuvo la jugada en Lima que terminó saliendo mal. Sin embargo, en Asunción la moneda mostró cara para los venezolanos y el Josef Martínez que apenas es convocado por su combinado terminó siendo un dolor de cabeza perenne para la zaga guaraní. Dani Hernández, inédito en el Valladolid, fue una muralla en el arco. El criticado Salomón Rondón, el ahora indiscutible Luisma Seijas, el sacrificado Roberto Rosales, todos tuvieron papeles protagónicos en un partido que se pudo perder de no haber sido por las tapadas providenciales del arquero pero que se terminó ganando con una autoridad pocas veces vista.


Los efectos de esta victoria son difíciles de calcular hoy. Pero no sería descabellado imaginar a Dani Hernández porteando contra Ecuador en octubre o a Josef Martínez de nuevo entre las primeras opciones para la delantera. Ambos deben haber engordado la cuenta en la que el técnico deposita el crédito. Al igual les pasó a González, Lucena Moreno y Rosales cuatro años atrás.

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Sobre el autor

Daniel Prat Jerez

Periodista egresado de la UCV. Especializado en fútbol.

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