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Golpes al timón

Félix Cásseres (26 años de edad), Wuiswell Isea (31) y Emilio Rentería (29) llegaron a Caracas en este mercado. Desde que Eduardo Saragó tomó el mando, el club ha hecho 10 contrataciones y solo una de ellas, César González, llegó con menos de 25 años en la cédula. Justamente, "Mágico" fue el único que no pidió el entrenador. Las primeras voces señalaron un cambio en la hoja de ruta propuesta desde la directiva de incentivar a los jugadores formados en el club.

Desde el banco, el entrenador ha insistido en que sus contrataciones lo que han hecho es restaurar la jerarquía perdida tras las salidas de Edgar Jiménez, Julio Machado, Renny Vega y compañía. Los números le dan la razón: en el Apertura, los minutos acumulados por futbolistas menores de 25 años de edad se acerca bastante a la mitad de los que sumaron los jugadores de esa misma franja de edad durante el año anterior, con Ceferino Bencomo.

Es cierto que a Bencomo le tocó asumir más riesgos. En su momento tuvo que prescindir de Renny Vega a favor de Alain Baroja. Antes mostró la puerta de salida a José Manuel Rey, Rafael Castellin o Luis Vera. Saragó aún no ha tenido que asumir el peso de una decisión así. Baroja hoy es titular indiscutible, Otero es el mejor del equipo mientras Ruberth Quijada y Cariaco González han ganado peso en parte por sus méritos pero también ante la ausencia de jugadores establecidos que le cierren el camino a la titularidad. El mérito del entrenador está en potenciar a estos jóvenes aún sin la presencia de tutores como el que tuvo, por ejemplo, Fernando Aristeguieta en Castellin, u Otero con Jesús Meza o Pulga Gómez. La experiencia en el camerino rojo recae hoy en futbolistas sin la alcurnia de los que alguna vez pasaron por ese vestuario y, aún así, el equipo ha sostenido su rendimiento e incluso alcanzó un título, algo que se le había hecho esquivo desde hace años.

Modificar aquella premisa que algún día promulgó la directiva tampoco seria pecado. Los equipos, como todas las empresas, deben reacomodarse ante la realidad y frente a los resultados. Si una política no sirve los efectos deseados, lo correcto es reajustarla. Si alguna vez dio resultados, no significa que siempre los dará. Así debe haber pensado la directiva de Táchira, que modificó ligeramente su ruta de viaje, que en el Apertura se limitó a tener un solo extranjero.

Breiner Castillo no solo fue el arquero del aurinegro, también sirvió de maestro para un José Contreras que ahora tendrá que asumir la titularidad. La necesidad de asegurar un cupo en una competencia internacional el próximo año ha llevado a modificar esa regla. El panameño Marcos Sánchez, el colombiano Yuber Mosquera y el uruguayo José Tancredi fueron firmados para compensar la juventud que abunda en el plantel. El grueso del plantel lo siguen formando Yohandry Orozco (22), Wilker Ángel (20) o Carlos Rivero (21).

Una vez establecidos en primera división, la intención del club es poder venderlos al extranjero y para eso es necesaria la vitrina internacional. Oponerse a un cambio de dirección por chauvinismo es un despropósito.

Las directrices de los equipos es una decisión que proviene de las personas que lo dirigen en ese momento. Es natural que ellos se equivoquen o decidan replantear sus propias determinaciones. Darle golpes al timón y cambiar la dirección no es delito.

Buscar el mismo objetivo por diferentes caminos o con nuevas herramientas no es condenable. Táchira y Caracas parecen haberlo hecho y será el Clausura el que de los primeros avisos sobre si los resultados son los esperados o no.

En Twitter: @DanielPrat

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Sobre el autor

Daniel Prat Jerez

Periodista egresado de la UCV. Especializado en fútbol.

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