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Despreciar la historia

En 2008 cuando la FVF designó a César Farías como seleccionador nacional, la Vinotinto enfrentó, en medio de un proceso clasificatorio, una transformación que terminó refundando sus cimientos futbolísticos. El proceso del cumanés tardó años en asentarse, sin embargo, desde el primer día mostró unas profundas diferencias de juego con respecto a su predecesor Richard Páez.

Los efectos de aquel cambio traumático repercutieron en las estadísticas, tras dos buenos resultados como el amistoso contra Brasil o el empate en Montevideo, el equipo se hundió en una crisis que necesitó del cambio radical que sufrió en la visita de Ecuador a Puerto La Cruz, labrada con varios argumentos de la herencia romántica del ciclo anterior.

Después de esa victoria, Farías pudo estabilizar la nave y competir hasta casi el final de la eliminatoria, aprovechando un recambio generacional para ir amoldando al equipo a su libreto.

Sin embargo, no fue hasta 2010 en el que el técnico pudo refundar realmente el equipo. Ese año no solo sirvió para sentar las bases de lo que fue la Copa América de 2011 y el inicio de la eliminatoria -los dos picos más altos de la gestión de Farías-, también permitió ensayar cosas que luego fueron importantes en los años posteriores. Hasta 2009, Roberto Rosales no había podido establecerse como el lateral derecho indiscutible de la selección, para 2011 ya su titularidad no estaba en discusión. Ese año también le permitió a Farías probar jugadores que, en el fragor de la batalla por el Mundial no habrían podido crecer como debían. Todos los amistosos de ese año sirvieron para que Dani Hernández comenzara a reunir los méritos para cerrar la siguiente eliminatoria como titular o para que Fernando Aristeguieta despegara hasta tomar altura de titular en 2013.

Hoy la FVF se encuentra de nuevo ante una situación similar. Debe elegir un nuevo seleccionador y el no jugar el Mundial le abre una ventana similar a la que tanto le ayudó a Farías en 2010. Sin embargo, ambas situaciones parecen no haber dejado enseñanza alguna en el ente.

Con el regreso de Páez casi cerrado, la Vinotinto se enfrenta a otra transformación táctica y futbolística, con una ventaja de tiempo que no tenía Farías cuando llevó a cabo la suya en medio de la eliminatoria. De su ciclo anterior quedan tan pocos jugadores -Arango, González, Rosales o Vizcarrondo únicamente- que necesitará volver a echar las bases.

No obstante, por sus últimas decisiones, ese no es un criterio que sea tomado en cuenta en la FVF, que después de construir un equipo sobre la idea romántica de Páez durante siete años, pasó al pragmatismo de Farías y para buscar sustituto abrió un abanico tan variopinto en el que, al menos teóricamente, llegaron a estar Noel Sanvicente, Eduardo Saragó, Ratomir Dujkovic y Páez.

Esa incoherencia táctica ha llevado a casos tan extraños como el del último año y medio, en el que Farías ensayaba una idea en la selección mayor, Rafael Dudamel otra en la categoría Sub 17 y Ceferino Bencomo la suya en la Sub 15. Pese a que otros países como Alemania, España o desde más cerca Chile, han demostrado los beneficios de establecer un libro de estilo que sirva como base para cada equipo, en Venezuela aún no existe esa linea. Aprender de los errores y de los aciertos del pasado es fundamental para seguir creciendo.

Establecer una linea de juego propia, en la que sea el seleccionador la que se adapte al equipo y no al revés es algo que le ha dado grandes resultados a otras selecciones. Aprovechar el año del Mundial para ganar tiempo en la refundación del siguiente proyecto fue algo vital en el camino a 2014. Ambas son enseñanzas que da el tiempo y que no deberían haber sido despreciadas.

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Sobre el autor

Daniel Prat Jerez

Periodista egresado de la UCV. Especializado en fútbol.

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