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2014 y más allá

El año 2013 cierra con estupendos logros musicales para Venezuela, desde la toma (literalmente) del Festival de Salzburgo por nuestras orquestas juveniles hasta la creación de joyas discográficas como la de C4 y el Pollo Brito, incluida la explosión de las agrupaciones formidables como la Latino Caribeña y el Big Band del Sistema, el ascenso fulgurante de Linda Briceño, el ingreso de miles de niños a la educación orquestal, las innumerables giras de solistas y agrupaciones nacionales por el mundo, el convenio orquestal con Colombia; una lista cuasi infinita que señala que nuestro punto fuerte está en el escenario musical. Llegando a esta cima se impone un tiempo de reflexión para multiplicar los beneficios individuales y sociales (que siempre van juntos) de semejante bonanza. La música no camina sola por el mundo, se nutre de tantas otras disciplinas y talentos.

Para empezar, los éxitos de nuestras orquestas y grupos son los éxitos de una gerencia artística de primer orden, de una comunidad de expertos que cubre desde la colocación de atriles hasta la compleja logística que permite que los calendarios de eventos se desarrollen de manera impecable. Y es precisamente en el terreno de la logística que formulamos nuestro primer deseo para 2014: la nación entera debería consolidar un gran circuito de salas que le permita a las agrupaciones y compañías rentabilizar su inversión en producción con la multiplicación de sus presentaciones. Coordinando todas las salas del país en una programación seriamente planeada se perfeccionarían los espectáculos, los repertorios y el profesionalismo. Hemos visto tantos grupos ensayando infinidad de horas para un par de presentaciones en la capital, pese a la existencia de un mercado considerable en el resto del país, ávido de cultura no comercial pero desprovisto de asistencia logística seria y eficaz. Necesitamos más de ese talento que se oculta tras bambalinas. Otras disciplinas que multiplican el potencial creativo de las orquestas y los ensambles son el ballet y la danza. No me canso de recordarle a todos la influencia que han tenido en los más importantes compositores de la historia; su imaginario extra musical fomentó la aparición de las partituras más apreciadas, desde El cascanueces hasta La consagración de la pri- mavera . Urge la creación de nuevas partituras en diálogo audaz con el mundo de la narrativa y la creación coreográfica, las agrupaciones del Sistema ya tienen la madurez para asumirlo.

En otro orden de ideas, se impone un control legal al abuso de los altoparlantes y equipos de sonido desmesurados, fijos o móviles, que han deteriorado la calidad de vida, del descanso del fin de semana, al convertir ciudades y campos en discotecas infernales. Como músico, pero sobre todo como ciudadano, considero que debería ser ilegal el uso de los ofensivos subwoofers y sometido a licencias estrictas cualquier uso de altoparlantes. No es justo que las peores músicas del planeta ocupen todo el espacio acústico-social, y las mejores tengan que rogar para obtener silencio.

Y finalmente, la mayor petición que podemos hacer es que cesen las compras de armas y se invierta masivamente en la construcción de grandes salas de música; la preparación y la celebración de conciertos semanales une a la comunidad al dejar a un lado las diferencias que nos están destruyendo.

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