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Música o caos

La Orquesta Sinfónica de Venezuela interpretó el tema “Alma Llanera” durante la inauguración | Foto: AVN

La Orquesta Sinfónica de Venezuela | Foto: AVN

¿Qué parte del "No matarás" no entendieron los malandros de hoy? ¿No se deberá tanta violencia a un desconocimiento del Otro por no haber sido reconocidos ellos mismos en la infancia como parte de una comunidad? Las graves fallas de un sistema educativo que lleva décadas fracasando se ven en las cifras y los excesos de la agresión homicida. Estoy convencido de que en Venezuela existe una solución, la única viable, y está a nuestro alcance.

Todos alabamos la palabra mágica Educación, pero hoy cambiaron todos los parámetros del aprendizaje y se sumó la urgencia. No funciona ningún principio de la escuela tradicional: ni el método profesoral, ni los horarios, ni los programas, ni los exámenes, y por una sola razón: la ausencia de una ética de cooperación en un sistema de respeto mutuo, donde todas las voces del salón sean importantes, donde todos colaboremos en un modelo a escala de una sociedad funcional. La fractura de la escuela se observa en las aulas: son licuadoras de niños donde vuelan aullidos y briznas de educación pulverizada, desconectada de proyectos tangibles y ambiciosos: el naufragio de la Autoridad. Falta un ingrediente que pueda darle coherencia y sentido a la figura del maestro. El Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela es el único método educativo en la historia moderna que ha encontrado soluciones a muchos de los problemas que derivan de graves carencias actuales en la formación de la personalidad del niño. La ética del trabajo en equipo, del esfuerzo mancomunado, no se enseña repitiendo frases huecas, socialistas o capitalistas; se aprende haciendo música a diario, combinando esfuerzo personal y colectivo, en silencio, en horario estricto, con la meta de un concierto que convoca a la comunidad congregada. La enseñanza personalizada del instrumento conecta al niño con el reconocimiento de su propio esfuerzo, de su propia voz.

Sumando su instrumento al colectivo orquestal, el niño reconoce el valor de su aporte al conjunto y así construye una sana imagen de sí, desconectada de los valores del mercantilismo que asocia el progreso con la mera adquisición o apropiación indebida de bienes y no con el esfuerzo personal sostenido y reconocido. La meta del concierto involucra a las familias, integrando escuela y comunidad. Por estas razones fundamentales, porque es un sistema que funciona perfectamente tras cuarenta años de gigantescos logros, Venezuela tiene que adoptar como complemento universal a su educación básica la práctica orquestal obligatoria; tiene que volcarse a construir mil centros de acción social por la música como los que tenemos en Caracas, mil salas de conciertos de todos los tamaños.

El Sistema de Orquestas tendrá muy pronto suficientes profesores para irrigar toda una nación de orquestas, incluidas las afrocaribeñas, las venezolanas, las de jazz y otras, y por supuesto las sinfónicas, que proporcionan la disciplina musical de base para el éxito de todas las demás formas de práctica orquestal. En esta disciplina, en contraste con los espacios alienantes de la sociedad actual, no hay apropiación indebida, no hay irrespeto, no hay gritadera ni abuso de autoridad. Al entender lo que es información relevante, el niño entiende lo relevante de la información. Respeta al Otro. Escucha. ¿Tenemos algo mejor contra la violencia? Lo dudo.


 

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