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Romper el cascarón

El Mundial Brasil 2014 comenzó a parecer utópico para Venezuela al caer contra Uruguay en Puerto Ordaz. Esa noche, se resquebrajó la vasija que contenía el sueño de casi 30 millones de venezolanos, quienes justo después de confirmarse el negativo desenlace de octubre buscaron culpables, y hasta alguna fórmula mágica que les permita ver por primera vez a la Vinotinto en una Copa del Mundo, en 2018, 2022, o algún día.

Noel Sanvicente siempre entrega una frase que parece sacada de un libro de autoayuda, pero que refleja fielmente la realidad del balompié venezolano. La magia no existe. "No hay una formulas milagrosas. Sólo el trabajo es lo que hace las cosas posibles".

El guante parece haber sido recogido por los equipos, que entendieron que bochornos como el del domingo pasado en Cabudare no se pueden volver a repetir.

Violencia, malas decisiones arbitrales, una cancha que no ofrece garantías mínimas de seguridad, y que tampoco tiene los cuidados para el beneficio del juego de los equipos y el espectáculo; empañan un producto que deja de ser atractivo por sí solo, y que por ende, es difícil de comercializar.

No es casual que a la Federación Venezolana de Fútbol le haya costado tanto encontrar un patrocinante para el campeonato 2013/2014: apenas será el martes cuando presenten a Movistar como el sponsor oficial del campeonato de primera división.

Sí, después de 13 jornadas, incluyendo la que comenzó anoche.

La reunión del jueves pasado en Barinas es el segundo paso de un largo trecho que tendrán que recorrer los equipos de primera división, en principio, para asumir lo que viene a partir de ahora.

La creación de una nueva liga profesional para Venezuela no es la panacea, pero pareciera que favorece a la redistribución natural de las cargas del fútbol venezolano.

La FVF ha demostrado en los últimos diez años ser muy diligente para coordinar y resolver los problemas de las selecciones nacionales, de cualquier categoría. Salvo el caso del fútbol femenino, que a pesar de llegar a dos Mundiales Sub-17 y lograr el primer título en la historia para el fútbol venezolano sigue trabajando con las uñas; los combinados de las distintas categorías hoy gozan de comodidades y un gasto ajustado al deber ser de una selección.

Pero el torneo es ese hermano incómodo, fastidioso, que pide dinero, lo gasta, y nunca da retribuciones positivas. No ha existido un equipo venezolano que pase de cuartos de final en un torneo Conmebol, por ejemplo. Es por esto que parece lógico que la FVF actúe como lo hace, y más aún, que ante una eventual propuesta de los equipos organizados, ellos entreguen el "negocio".

¿Y a quién tiene que dolerle el destino de los equipos? ¿A la FVF? ¿O a ellos mismos? La indolencia que reina entre algunos podría terminarse el día en que no dependan de la federación, y necesariamente rompan el cascarón, que aprendan a caminar solos, como en el béisbol, y en menor medida en el baloncesto. Sólo así podrán trabajar de manera coherente y ordenada, cuando les duela realmente lo que pasa en su entorno.

Aun quedan muchos cabos en el aire para decir que la liga va a ser una realidad.

¿Quién la dirigirá? ¿Qué formato tendrá? ¿Cómo se repartirá la ganancia para satisfacer a 18 dueños de equipo, que van a querer pelear por el beneficio de su parcela, y no la del colectivo? Pero la disposición de 14 de 18 conjuntos de organizar un circuito, avalado por la FVF y controlado por ellos, es muy positiva.

La liga no le va a permitir a Venezuela ir a Rusia 2018, pero será, seguramente, un primer paso positivo para que se reorganice el fútbol nacional. Trabajo y orden, sólo esas son las únicas consignas, sin magia.

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Sobre el autor

Pablo García Escorihuela

Periodista egresado de la UCV. Especialización en Periodismo Deportivo (USB).

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