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El Marqués de Carabás

César Farías / AVS Photo Report

César Farías / AVS Photo Report

Charles Perrault, escritor francés del renacimiento, realizó en 1697, cinco años antes de fallecer, una fábula que poco se imaginó que tendría que ver con el fútbol en el año 2013.

"El Gato con Botas" no se trata exactamente del minino parlanchín que Dreamworks revivió en la saga de Shrek, donde sus líneas son recitadas en un muy gracioso español, doblado por Antonio Banderas.

En su versión original, el gato posee, además de la inverosímil habilidad de hablar, la capacidad para convencer a quienes lo rodean de cualquier cosa. En muchos casos, a nombre del Marqués de Carabás, un personaje que se inventó para que su dueño, un molinero pobre, pudiese lograr una vida mejor.

No es un cuento, eso sí, lo que pretende acometer la selección nacional en el último tramo del premundial, aunque internamente todos tendrán que comprar una idea futbolística para lograr la meta máxima para el equipo desde que comenzó el torneo, que no es otra que estar en Brasil.

Desde el inicio del ciclo, César Farías pregonó un estilo que le vino bien a la Vinotinto en los primeros compases de la eliminatoria. El equipo se plantaba con orden en el apartado defensivo, apelaba a salidas en largo y con criterio, solía correr más que el rival, y apelaba a la contundencia de sus atacantes para resolver sus trámites, por la mínima diferencia casi siempre.

No obstante, en Montevideo, Venezuela descubrió en el segundo tiempo contra Uruguay, que partiendo de la posesión de la pelota, era posible generarle problemas a los rivales. La historia se repitió en Asunción, alcanzando además el mejor resultado del ciclo. Dos goles en el arco del rival, ninguno en el propio, manejando el balón, sufriendo un poco más en la defensa, pero creando varias ocasiones en la portería del contrario. La aparición de los laterales en ataque, darle permiso a alguno de los volantes de marca para incorporarse al juego ofensivo, y hacer que Juan Arango y César González se distancien unos metros del área para arrastrar marcas y darle salida al equipo, no parecen una idea mala, de por sí. De hecho, más de uno se preguntará ¿Por qué ahora y no antes? Tal vez, porque como le ocurrió al gato con botas, ahora existe la necesidad de creer que este camino, que dio resultados en el pasado reciente, es la mejor manera de lograr opciones de gol y paliar la sequía ofensiva que tiene en este momento a la Vinotinto fuera del objetivo de clasificar a Brasil, por un gol de desventaja.

Es una apuesta que en lo táctico, al menos contra Chile, parece arriesgada. Los australes colocarían a Humberto Suazo, Alexis Sánchez y Jean Beaousejour en el ataque, y sumarían a Jorge Valdivia unos metros más atrás para surtirlos de juego.

Y se hace más riesgosa aún cuando Tomás Rincón, el bastión del equilibrio en la selección nacional en la mitad de la cancha, no estará por sanción. Irónicamente, en esa noche de Asunción, tampoco estuvo el tachirense. En su lugar jugó Luis Manuel Seijas, a un gran nivel.

Pareciera que después de lo visto en San Cristóbal, será el turno de Agnel Flores.

El papel de Flores sumado al ataque será tan importante como el de Franklin Lucena en la marca, a la hora de tapar los espacios que dejen las subidas de sus laterales. Y si se generan más ocasiones, se volteará de nuevo a ver a Josef Martínez y a Salomón Rondón, responsables de anotar, y quienes llegan encendidos al último tramo del clasificatorio.

La idea, el Marqués de Carabás vinotinto, por la necesidad de victoria de Chile, no obstante, se hace atractiva. Ahora toca convencerse de ella, en un momento para pelear en la eliminatoria con las botas puestas, como el gato.

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Sobre el autor

Pablo García Escorihuela

Periodista egresado de la UCV. Especialización en Periodismo Deportivo (USB).

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