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Londres 38

Los jugadores de la Vinotinto abandonan el campo en Santiago luego de perder 3-0 contra Chile / AP

Los jugadores de la Vinotinto abandonan el campo en Santiago luego de perder 3-0 contra Chile / AP

Las calles de Santiago de Chile, con su aura ligeramente europea, escondían un sórdido secreto que muchos años después salió a la luz pública, y que desnudó la crueldad de la dictadura de Augusto Pinochet.

Londres 38 era la dirección exacta del primer gran centro de torturas del régimen pinochetista, donde fallecieron 96 personas, cuyos nombres, yacen en pequeñas placas de mármol a las afueras del sombrío recinto, que ahora es una de tantas heridas de guerra hechas museo, de una Santiago que trata de olvidar su pasado triste, irónicamente, aferrándose a él y a sus símbolos.

Ayer, Venezuela vivió su propia tortura en otro recinto tristemente célebre.

El Estadio Nacional, ese donde permanecieron detenidos más de 40.000 personas durante la junta pinochetista, y donde muchos de ellos fallecieron o fueron desaparecidos; se convirtió en la versión particular y futbolística del recinto en el que la Dirección de Inteligencia Nacional utilizaba para castigar a sus adversarios políticos.

Arturo Vidal, el Rey de la corte, como lo llaman en Italia; ejerció junto a Jorge Valdivia como los ejecutores de la sentencia sobre la Vinotinto. Tenían que enseñarle la lección, por las malas. Los australes maltrataron cada vez que pudieron los costados de la zaga nacional, con pases filtrados a las espaldas de los laterales, a donde siempre caían Eduardo Vargas o Alexis Sánchez, torturando las aspiraciones nacionales.

La defensa venezolana el viernes en la noche lució perdida, gris, atribulada en medio de la vorágine que la consumía, una tortura a la vista, y a la ilusión que tenía Venezuela de estar en el Mundial. Al mismo tiempo, Chile forzó a la selección a resguardarse en su área, pegándose a su arco y consumiéndose en la desesperación del pelotazo y de la salida intrascendente.

Volvieron entonces los días de enaltecer al arquero como ídolo nacional, ya que gracias a sus atajadas, evitamos más dolor en el castigo, como cuando se perdía 5-0 o 6-0. Dani Hernández fue el muro de contención de la andanada chilena, que incesantemente buscó la meta nacional; y que pudo lograr más de tres goles, pero los reflejos del guardameta evitaron un mal mayor.

Pero, tal vez la derrota no haya sido el sablazo más doloroso que sufrió Venezuela el viernes. Fue el haber sido humillada, en su ilusión y sobre la cancha, con un baño de fútbol que tenía mucho tiempo que no recibía. Y el dolor que la gente expresó tras el final del partido en las redes sociales, no es más que una consecuencia de sentirse vejado, como hacía tiempo que no pasaba.

Miles de inocentes sufrieron lo indecible en aquellos recovecos de Santiago. Ayer, la selección fue torturada por su pasado, por su inhabilidad de sacar adelante los partidos claves, y por la poca contundencia que tuvieron cuando lograron zafarse las amarras, y atacaron con precisión.

Ahora a la Vinotinto le toca recoger los pedazos, asumir los errores, defensivos y de orden, tratar de levantar el ánimo y buscar alternativas que lo hagan aferrarse al exiguo sueño mundialista. Perú toca a la puerta este martes, y representa el último avión para llegar a la fiesta del próximo verano en Brasil.

Perderlo, sería vivir cuatro años más de una reiterada y dolorosa tortura. Sería seguir sin salida de la oscuridad que representan sitios lúgubres, como Londres 38.

En Twitter: @PabloAGarciaE

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Sobre el autor

Pablo García Escorihuela

Periodista egresado de la UCV. Especialización en Periodismo Deportivo (USB).

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