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Doble o nada

La Vinotinto ingre-sa al casino de las eliminatorias suramericanas, con un cierto halo de confianza.

Mira de reojo en su mesa de póquer a Argentina, pavoneándose con su boleto a Brasil en la mano; Ecuador y Colombia comparten otra mesa, donde se enfrascan en una lucha por tomar su ticket al Mundial del año que viene primero. Ambos lo conseguirán, seguro, solo que los dos luchan por saber quién lo hará el primero.

En una tercera mesa, Uruguay, Chile y Venezuela se enfrascan en su particular duelo. La Vinotinto esboza un rostro confiado, y suelta, para sorpresa de sus rivales, su apuesta, segura de que con sus ases bajo la manga lograrán el efecto deseado sobre sus rivales: "Doble o nada", dice dando un golpe a la mesa.

La escena parece digna de una película de James Bond, no obstante, ese es el talante de esta fecha para César Farías y sus dirigidos. Una travesía riesgosa y compleja, pero en la que si ganan, quedan a las puertas de la cita ecuménica de 2014, la primera en la historia para Venezuela en un torneo de mayores de FIFA.

Cámaras hipobáricas e hiperbáricas, duros trabajos físicos con pesas y carrera continua a 2.700 metros sobre el nivel del mar en el páramo de La Culata en las montañas de Mérida, contar con la mayoría de los jugadores a tres semanas del compromiso, incluidos diez días en La Paz, y la fe y la convicción de que técnica y tácticamente el equipo ha alcanzado un nivel de madurez óptimo para afrontar el reto más complicado de todo el ciclo eliminatorio al jugar en la cancha más alta del torneo a 3.650 msnm; son los argumentos principales que tiene el cuerpo técnico para lanzar en la mesa un reto de semejante talante.

Jugar un partido en Bolivia con los titulares, para luego bajar a casa a bregar cuatro días después contra un rival herido como Uruguay implica toda una gama de peligros, que si no están bien medidos pueden acarrear consecuencias negativas. Es un riesgo que, no obstante, también puede traer cosas positivas por la forma en la que están las eliminatorias.

"Si ganamos los dos partidos, nos quitamos a un rival directo de encima y nos ponemos muy cerca del Mundial", dijo Tomás Rincón en Mérida, uno de los que jugaría los dos compromisos. Su cálculo no es descabellado.

Uruguay descansa mientras Venezuela está en Bolivia.

La diferencia entre charrúas (sextos) y nacionales (quintos, empatados a puntos con Chile) es de sólo dos unidades. Ganar en La Paz implica sacarle tres puntos más a su rival directo, que no juega en esa fecha, por lo que tendrían cinco unidades de ventaja.

Además, la Vinotinto recibe a los celestes en Puerto Ordaz en la fecha siguiente, y si los derrota también (logrando el doble de la apuesta) terminará dejando prácticamente fuera de carrera a los uruguayos, a ocho puntos del lugar que ocupe la selección, con nueve puntos en disputa para los veneozlanos y 12 para los sureños.

El riesgo más elevado, no obstante, es quedarse sin nada. Perder en La Paz, y tener que bajar con un equipo desgastado y golpeado en lo moral a enfrentar a una celeste descansada y con arresto anímico para tratar de darle un zarpazo a la tropa de Farías.

Pero, como en toda apuesta, todo es cuestión de medir el riesgo. Pareciera que las probabilidades de lograr cosas positivas son altas, por el trabajo que se hace y porque al final, esto es fútbol y no póquer, y el azar, salvo en contadas ocasiones, no sirve de nada. Al final, bien lo dice el viejo proverbio popular: "Quien no arriesga, ni gana, ni pierde".

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Sobre el autor

Pablo García Escorihuela

Periodista egresado de la UCV. Especialización en Periodismo Deportivo (USB).

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