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La visita del profesor Álamo

Fue el año 1911 cuando Francisco de Paula Álamo tuvo la primera oportunidad para poner en limpio las anotaciones sobre sus recorridos científicos por las tierras altas y bajas de la región centro norte del país. La subida al pico Naiguatá y la visión colosal de ese paisaje dejarían honda impresión en este discípulo de Arístides Rojas y Adolfo Ernst: "Los que nunca han ascendido a estas alturas no podrán formarse idea de la grandiosidad y belleza de tal espectáculo en estas latitudes. Las formas caprichosas de las nubes, coloreadas por los débiles resplandores del sol que comienza, los valles de la serranía con su blanca mortaja de nieblas, los agudos picachos ostentando las primeras coloraciones con que el astro rey los tiñe, la brisa suave, el aire puro, tales son los encantos, las sorpresas que nos preparan una naturaleza fecunda y riente".

Esta primera y entusiasmada impresión, destinada a un artículo para El Cojo Ilustrado en 1894, pasaría a ser descripción poética y telúrica diecisiete años más tarde, así como una síntesis de su credo de divulgador científico, esa encantadora forma de acercarse a la naturaleza que es arte y sistema, romanticismo y ciencia: "La estructura roquiza de los dentellados picos que coronan la fila, alternando con las depresiones y quiebras que a manera de pequeños lagos retienen el agua de las lluvias; el enorme desgaste o erosión producido por agentes meteóricos en esas aisladas alturas batidas por los constantes alisios; las caprichosas formas, casi fantásticas que han modelado con buril ciclópeo en esas mismas rocas de amenazador y sombrío aspecto, el tiempo y el agua, llegando hasta la hiperbólica concepción de la caríe del granito; la variedad, en fin, de una vegetación peculiar y típica, totalmente extraña por su colorido, formas y aspecto, para los que en estos países tropicales jamás han escalado las montañas".

Apasionado como sus maestros por la geografía, la botánica, la espeleología y la paleontología concebirá su preciosa obra El estado Miranda (Academia Nacional de la Historia/ Banco Central de Venezuela, 2013; enriquecida con un magnífico estudio inicial del maestro Pedro Cunill Grau) como una generosa pintura de la forma geográfica, territorial, botánica, zoológica, geológica, mineralógica, agrícola, industrial, legal, pública, turística y cultural de este importante estado de Venezuela (un país en pequeño y un pequeño país por su variada riqueza y desarrollo). Esta paleta de múltiples asuntos es tratada con sobria precisión, aportando datos que nunca cansan y explicaciones que siempre son oportunas.

Unos y otras caracterizan el corpus que compone sobre la fauna y flora, divulgando los nombres comunes de las especies, como herencia de Ernst y anticipo de Pittier. Magistral resulta el capítulo sobre el cacao.

La obra toda apunta con énfasis los tópicos sobre el progreso de la región, las ventajas de una privilegiada geografía que resulta montañosa y costera. Imprescindible el detalle sobre sitios pintorescos y curiosidades, veta del explorador espiritual y de campo.

El acierto de los editores actuales está a la vista. Permite recolocar esta obra clásica en el panteón de nuestras mejores realizaciones; esas que son puro amor al país.

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Sobre el autor

Francisco Javier Pérez

Profesor universitario. Lexicógrafo, historiador de la lingûística y ensayista de temas literarios.

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