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El diccionario de la Academia y su influencia

Diccionario de la lengua española | Foto: rae

Diccionario de la lengua española | Foto: rae

La primera realización de la Real Academia Española fue la confección y elaboración de un diccionario que describiera las voces de la lengua, refrendadas por la autoridad de los más grandes escritores. Ocurre tres siglos atrás, en 1713, al reunirse a instancias y protección del marqués de Villena y con el real apoyo de su majestad el rey Felipe V, el primer Borbón, un grupo de sabios estudiosos y de magníficos autores a dar cuerpo, forma y entidad a la que sería obra primera de esta ilustre institución. Ciertamente, el conocido como Diccionario de autoridades (1726-1739) no sería otra cosa (y ello era ya tarea ingente) que una obra que recogía las voces fundamentales de la lengua, las explicaba en sus distintas significaciones y las refrendaba teniendo en cuenta el aval de los escritores más destacados de la lengua.

La corporación, a la que tantas veces se la ha acusado de coartar los usos y de castigar los modos genuinos de hablar y escribir, no hacía, en los primeros años de existencia, sino rescatar voces y hacerlas brillar gracias al uso dorado que de ellas habían hecho las que se creían (y, quizá, todavía lo sean) autoridades indiscutible en el dominio de la lengua, los escritores.

Ellos daban a las palabras entidad y sentido, carta de ciudadanía y patente de perpetuidad. La literatura (la mejor, se entiende) cumplía con ello el papel noble que la gramática siempre le asignó como garantía y reflejo del mejor brillo lingüístico.

Al Diccionario de autoridades seguiría el Diccionario de la lengua española (los títulos y el título se repiten como para satisfacer el desconcierto), diccionario común o diccionario académico de 1780, conocido como el Primer DRAE y que, hasta el día de hoy, se ha multiplicado en 22 ediciones aumentadas. La obra vendría a constituirse en imagen léxica de la lengua y en hito de referencia general para el conocimiento y divulgación de lo que ella era en esta parcela de saber.

Orgullo y emblema de cultura, los DRAE serán obras admiradas y repudiadas.

Cada edición manifestaría criterios de asociación a los distintos tiempos históricos de los que son reflejos y se entenderían como libro sagrado de la lengua a donde se va a saber lo que hay o no, lo que es o no, lo que existe o no, lo que está bien o no, lo que se puede o no.

Dogma y manual, el DRAE ha cumplido y cumple una influencia enorme para el conocimiento de la lengua y su divulgación, tanto como para la preservación de la tradición lingüística y la apertura a la novedad. El usuario común y el estudioso de la lengua se han beneficiado de una obra con esta impronta y dimensión, pues cada nueva edición aprovecha las anteriores y ello le ofrece historicidad y antigüedad, y cada nueva edición enriquece el repertorio léxico y ello le aporta novedad y actualidad.

Una obra con estas metas recibió y ha recibido muchas críticas y esto resulta muy natural, pues la inmensidad de la lengua deviene en su principal opositor. Sin embargo, la constancia y saber de la RAE, acompañada por sus academias correspondientes, hizo y hace que la más noble realización de la lexicografía del español lo siga siendo y que su prestigio no cese entre los hablantes y usuarios de esta maravillosa lengua.

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Sobre el autor

Francisco Javier Pérez

Profesor universitario. Lexicógrafo, historiador de la lingûística y ensayista de temas literarios.

Histórico