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Platinum para José Balza

Queda por definir cuándo Balza tendrá la oportunidad de leer su discurso de incorporación | Foto Alexandra Blanco

José Balza | Foto: Alexandra Blanco/El Nacional

Se indica una rutina crítica: José Balza es el nombre mayor de la narrativa venezolana del presente. El estado se remonta a un tiempo distante (joven, siempre joven) y se traduce en la disciplina de permanente ejercicio del escritor.

Nunca culminado, la ejecución deviene en gesto para conceptualizar una escritura ficcional (real) en donde nada está terminado (nada termina) y todo es ejercicio (intento mejorable y respeto por el arte y el asunto; su filosofía). Búsqueda que no conoce término, la verdad es aquí tan distante al tópico que asusta. El ejercicio abre en permanencia la posibilidad de narrar (de seguir narrando) y ello determina la vida del género y el sentido de la tarea. No hay cuentos completos (ni cuento completo). El final es un punto al que se ve obligado el escritor (sometimiento del esclavo). El destino se aprecia en el comienzo (la consagración es una constancia).

El volumen, titulado Uno, termina con el "Uno". Al final, hay que comenzar (enseñanza mayor del escritor impenitente).

Segunda entrega de la colección Platinum, Uno (ejerci- cios narrativos). Antología (Otero Ediciones, 2013; con prólogos de Ramón Piñango: "El país de Balza"; y Juan Carlos Méndez Guédez: "El estremecimiento y el instante") reúne 41 piezas que dan cuenta muy eficiente de lo que este autor ha propuesto en el vario y pinto panorama del narrar venezolano, la Venezuela narrada (la vida, pues), en donde todo cabe y en donde vale todo (distanciado del que "todo valga", como creen los facilongos del arte narrativo; concepción tan ajena a este autor de aguas que no se someten). En fecha cercana han aparecido una nueva edición de la antología El cuen- to venezolano (Universidad Central de Venezuela, 2012); Cuentos. Ejercicios narra- tivos (Paréntesis Editorial, 2012), libro morocho del que comentamos; y Ensayos de humo (Equinoccio, 2013). ¿Qué cuenta "Uno", el cuento? o ¿por qué interesa cerrar el volumen con este relato? Habla del poder. Lo inspecciona. Intenta explicarlo. Cuenta cómo un campesino se revela haciendo una huelga de hambre en un país imaginario en donde el hambre no importa y tampoco las huelgas. La frase es rotunda y su verdad hace daño: "Se volvió una paradoja para la grandeza del mandatario". El relato envidia a la biografía. Cuenta el acto de crecer, en el campo, "próximo a las pequeñas montañas de roca roja como a la sinuosa cercanía del mar". Sufre el llamado de la gran ciudad y de su universidad, también grande.

Con intermitencia regresa al terruño, ya casado con esposa fresca. Los hijos no llegan, pero sí el dinero. Regresa para siempre, muertos sus padres, pues lo que es del campo va para el campo. El gobernante se entroniza y "la ambigua palabra `revolución’ es tañida para fingir justicia". Expropian sus tierras e inicia su guerra personal contra los "canales regulares". Políticos, abogados, periodistas, la televisión. Nada consigue y sus tierras son cuartel de gente armada en sus tierras de gente amada. Deja de beber y de comer. El país frívolo lo abandera.

El caudillejo sigue el caso y lo castiga por desobediencia. Muere de hambre, mientras aquél sonríe por su triunfo. Su corte espera por él para agotar más la rutina.

El volumen se cierra.

Uno, termina. Hay que comenzar.

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Sobre el autor

Francisco Javier Pérez

Profesor universitario. Lexicógrafo, historiador de la lingûística y ensayista de temas literarios.

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