• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

Oswaldo Trejo, el diccionario y la Biblia

Para Horacio Biord Castillo

Con su gran vozarrón, Luis Beltrán Guerrero buscaba a gritos por todo el Palacio de las Academias al autor de Andén lejano.

Creo recordar que ello ocurrió en la incorporación de Ismael Puerta Flores y el patio Cajigal estaba a reventar de público, y le urgía al maestro contactar al novelista. Todo fue en vano, pues nunca llegaron a encontrarse. Huidizo, quizá para ese momento había dado por terminada su agenda social, selecta y escueta. La última vez que lo vi fue en la casa del doctor Pérez Olivares, en el cumpleaños de su hijo, Luis Enrique. Fue ver a un espectro a punto de esfumarse. Flaco y gráfico quedaría en la memoria.

Había publicado en 1962, hoy poco más de cincuenta años, su hermosa novela To- dos los hombres son ciuda- des (reeditada en 1981 por Monte Ávila Editores, antes de esfumarse también de las librerías, en su tercera edición). Posiblemente, no haya comienzo más perfecto en ninguna otra de nuestras novelas contemporáneas; dictado por las montañas y los recuerdos.

El texto ha crecido hasta una cúspide titulada capítulo XXIV. La muerte del padre del protagonista imprime circunstancia que se extraña de lo fortuito. Como heredero único, toma posesión del escritorio del padre muerto y al levantar la tapa del mueble realiza los sueños de la infancia y del amor. Cargado con el entusiasmo de la sorpresa y esperando tanto para el hallazgo, se hace con los objetos anhelados desde niño: un Diccionario Larousse y la Biblia. La ficción ya es la realidad y el relato cede el turno a la teoría. El extraño contenido se traduce en extrañeza frente a lo profano sacro y frente a lo sagrado obsceno; el sexo y la palabra, tanto de los hombres como de los dioses.

Las anotaciones del Trejo narrador hacen de estos libros primeras personas en la búsqueda tan humana de la verdad y del bien.

Sobre el diccionario, en abierto favoritismo: "Cuando abrí el diccionario, hallé un alucinante mundo compuesto de palabras con definiciones exactas. Me llamaron especialmente la atención las innumerables ilustraciones que en cada página rompían la monotonía del texto. Con desmedido gozo contemplaba las páginas del libro y, cuando sentía pasos, lo cerraba apresurado por temor de que me sorprendieran con el diccionario entre las manos. // Muy pronto comprendí cuál era la razón de que me hubiesen escondido ese libro. Encontré, a la vez que palabras vulgares, otras que aludían a la función de partes ocultas del cuerpo. La definición que daba el libro de muchas palabras desconocidas me estimularon extraños pensamientos, lo cual me llevó a considerarlo, si no libro prohibido, por lo menos obra de muy metódica lectura para que no ocasionara daños".

Sobre la Biblia, en abierta desventaja: "Mi contacto con la Biblia se dio en una forma más lenta e íntima.

La limitada capacidad de comprenderla me impedía disfrutar del contenido de sus páginas. Me parecía un libro confuso y frío si se lo comparaba con la extraordinaria claridad de los cortos párrafos del diccionario, dedicados con tanta precisión a cada palabra".

Resuena todavía la voz potente de don Luis, pronunciando una y otra vez el nombre del escritor en la más pura forma hispánica: "¡Osgualdo Trejo!", "¡Osgualdo Trejo!"

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Francisco Javier Pérez

Profesor universitario. Lexicógrafo, historiador de la lingûística y ensayista de temas literarios.

Histórico