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Miguel Ángel Campos y el arte de prepublicar

La altura de su quehacer reflexivo ha gestado una forma divulgativa rara por inteligente: la prepublicación.

Ofrecimiento paulatino de sus intervenciones públicas o primeras señas de imprenta de sus escritos, Miguel Ángel Campos ha cosechado y cosecha un modo de mostrar su trabajo que hoy en día, cuando los escritores están tan pagados de su valía y tan urgidos de ver su nombre en letras brillantes sobre las tapas de libros con menos brillo, resulta singular y encomiable. Este maestro del ensayo ha escogido un primer destino para sus producciones, que no es otro que hacer reducidos tirajes individuales de sus textos para circularlos como andadura inaugural. Modestos en factura material, vienen acompañados del encantador refinamiento de las cartulinas escogidas, de las tipografías seleccionadas y de las viñetas e ilustraciones con las que estas ediciones se adornan. Separatas de libros que vendrán y no al revés, el autor las prodiga entre sus amigos y allegados como gesto de respeto por las distintas reuniones académicas y científicas a las que es invitado y como ejercicio de confrontación de ideas y pareceres entre colegas y estudiosos.

Hijas de ese refinado arte de la folletería que fructificó durante el siglo XIX y buena parte del XX, hoy perdido gracias a la petulancia de los autores y al fomento de estirpes editoriales engreídas por sus grandes empaques, las colecciones de folletos guardan (ocultan) con celo inclemente algunas de nuestras grandes creaciones mentales de otro tiempo. Nacidas cuando publicar era asunto exclusivo y oneroso (tan distante de la publicadera facilonga del presente; caución de librería), los escritores de folletos cuidaban al extremo sus producciones, considerándolas como ediciones definitivas de muchas de ellas. El fetichismo del libro no existía y se cuidaba mucho la pequeña publicación pues ella vendría a ser, en definitiva, el único soporte en el que se propagarían, de mano en mano, esos escritos; en absoluto menores y nunca preliminares. La edición de separatas de artículos publicados previamente en revistas, hoy ya también una rareza, se asumía formando parte de esta valiosa tradición. Las academias son actualmente de las poquísimas instituciones que siguen cultivando esta ruta editorial, al imprimir previos de los discursos y las intervenciones que se leen en sus honorables recintos. Memoria del pormenor de una actividad del pensar complejo y necesario, Campos la ha madurado y la ha personalizado como nadie, la ha acercado al oficio estético de editar y la ha prestigiado con textos que son referencia crucial de los rumbos complejos de su pensamiento. Armonizan con una gestión del trabajo intelectual que no sabe de loanzas críticas, de boatos publicitarios o de reputaciones fraguadas. Títulos de su autoría y evidencia de la dignidad de estas prepublicaciones serían: Cosmopolitis- mo y tradición: el ensayo venezolano (1940-1960) , Desagravio del mal (primera confrontación del que será después libro de título idéntico bajo el sello de la Fundación Bigott), La literatura cruel y, el más reciente, Gregarios e impunes (De cómo desea- mos el petróleo) .

Un arte de editar y divulgar que Miguel Ángel Campos ha redescubierto y embellecido.

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Sobre el autor

Francisco Javier Pérez

Profesor universitario. Lexicógrafo, historiador de la lingûística y ensayista de temas literarios.

Histórico