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Errante hacia lo impronunciable

Nada más inestimable para la comprensión y nada más impostergable para la afectividad que la poesía haciendo poesía de la poesía o concibiendo la poesía de unos, tratando de entenderse en la poesía de los otros. Los versos del libro Fosa común , de Miguel Marcotrigiano, que se encuentra en las prensas de Bid & Co., y que verá la luz muy pronto, nos hacen encontrar al poeta crítico por y para la poesía; condición sublime de este arte oblicuo de la palabra.

Como si recorriéramos el osario poético personal del autor, poeta de suicidios y de afectos necróticos, quedan reunidas aquí las lápidas poéticas de un conjunto de nombres enormes llamados por sus nombres propios, en una familiaridad que habla de un panteón de ánimos comunes y de un mausoleo de acuerdos funerarios; homenaje vivificador para cada uno de ellos. La nómina es preciosa y perfecta y merece ser recorrida como indicación de lo que este libro nos está ofreciendo; los mejores epitafios para recordar la fosa común en la que se encuentran estas figuras, guiadas por la idea y la verdad de la muerte, por el vivir muriendo y por la violencia de un final que se añora comienzo. Los nombres espeluznan y cautivan (Baudelaire, Rilke, Borges, Benjamin, Pavese, Celan, Eliot, Mallarmé, Rimbaud, Kleist, Goytisolo, Auden, Kawabata, Woolf, Plath, etcétera). El pavor por admiración luce una constante y la mejor constancia de que estos versos escritos por admiración serán perduración de elogio más que solaz de tragedia. El recorrido es arduo y desgasta el sentimiento. La gestión por la materia deja un cansancio en el ánimo que solo puede reponerse sabiendo ya que la consagración no fue aplauso del momento sino loa merecida y para siempre.

Cree que no existe manera de hacer poesía para nosotros sin que antes hayamos hecho poesía para los que nos precedieron. Sistema circulatorio que no es posible fraccionar o interrumpir, nos debemos a lo anterior, pues nada es nuevo (ni tiene que serlo) en los espacios de la escritura. Virgilio inventó hace tanto tiempo que ya es olvido, que los modelos eran los griegos, su ayer más fecundo, y que nada de lo que haría tendría que ser novedoso, pues sabía que ello no era posible en cuanto a la palabra estética; una lengua que cambia sin cambiar, siempre una dorada vuelta a la patria literaria. Con una timidez que le aporta sólidos desempeños, había mostrado antes algunas de las piezas del repertorio actual bajo el título emblema de Orfandades (El Pez So- luble, 2012); un preludio de sometimientos al magisterio de los grandes y una toma de posición desesperada y solitaria. Allí y aquí una confesión de honestidad, el mejor terreno para que fecunde la poesía: "Detrás de la máscara se encuentra el hombre... y sus circunstancias".

Poesía sin máscaras, queda inerme frente a la tumba común (de todos y de nadie) desbordada de afectos y rencores, de aciertos y fallos, de aproximaciones y desencuentros, de anhelos y desdichas, de triunfos y desencantos. Poesía desenmascarada, queda transparente al pie de la fosa poética (muerte o eternidad, como se lo prefiera), común y sin nombres propios o apropiados, común y sin gastados temas nuevos, las perfectas lápidas de permanencia que componen estos textos de singular admiración.

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Sobre el autor

Francisco Javier Pérez

Profesor universitario. Lexicógrafo, historiador de la lingûística y ensayista de temas literarios.

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