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Desolando el mar

Isbelia Sequera Tamayo, escritora | Foto: Manuel Sardá/El Nacional

Isbelia Sequera Tamayo, escritora | Foto: Manuel Sardá/El Nacional

Algo se carga de eternidad. La recurrencia de las olas, el empuje de las tormentas (y su acción hacia otros mares), el juego del mar con su soledad (en donde "no hay respuesta que no mienta"), el viento que entretanto escribe un nombre, la observación de la melancolía, el aislamiento de los faros, los reyes y príncipes destilados en alcohol, la dilatada línea marina coqueteando sus azules, las gaviotas centinelas del gran mausoleo, el acarreo de montañas de angustia, la orfandad del frío invernal, las caligrafías en el aire y los soles terminando el mar. Algo se carga de Grecia y de Oriente.

Mar desolado (Bid & Co, editor/ Dirección de Cultura de la UCV, 2013; con prólogo del maestro Guillermo Morón), de Isbelia Sequera Tamayo, su último trabajo poético, nos conduce por aguas de eternidad, que fecundan la navegación y permiten el germen de un lenguaje que está asumido como rostro de agonías personales en clave de universalidad. La escritora y su trayectoria son amplias. En ella destacan, sin considerar sus trabajos narrativos (presenta en 2005, su novela Pezones negros ) o su larga obra de especialista en ciencias económicas y sociales ( Dinámica de la agricultura y su expresión en Venezuela y Crisis en la agricultura , entre otros), sus poemarios Al borde de lo sensible (1986): "Falta una palabra. La que cierra el círculo. La que remonta la montaña hasta alcanzar la región del aire enrarecido donde el sonido rompe el silencio. La palabra que mueve mi sangre, que me hace volver. La palabra que se extiende al infinito, que se enrosca en mi cuerpo, que me ata y tortura. La palabra que me hace soñar.

Falta esa palabra"; Allá a lo lejos, muy lejos (1989): "A esos lejanos mundos de piedras, arcillas y bambúes,/ a esos lejanos mundos de eterna sobrevivencia,/ a sus seres humanos con los estambres de la naturaleza/ en el telas de la vida tejiendo,/ me acerqué un día./ Desde entonces,/ en parte soy parte de ellos./ De allí estos papeles -poemas? escritos?de encendida devoción"; Cosiendo tu piel (1996; antología en edición bilingüe español-alemán, traducción de Henning Schroedter-Albers e ilustraciones de Luisa Richter); Mediodía del len- guaje (2001): "Cuando camine en el mar con mi mundo a cuestas,/ cuando llore en tus ojos y me bañe en lagos verdes,/ florecerán las estrellas.// Me abrigaré, entonces, con aires recubiertos/ de rostros y distancias".

El mar, ya de por sí desolado y solitario, queda en esta poesía en completa solitud.

Poesía de panteísmo y de veneración a la naturaleza, amor desbordado que encuentra consuelo cuando proclama ese amor, esa veneración y ese panteísmo: "Oh mar desolado/ retoma tu serenidad/ tu ensimismada fidelidad/ venciendo los mitos/ con tu magia/ de abolir todo lo que separa".

Filosofía transasiática bebida y vertida en las aguas originales del mismísimo imperio de los signos, sueño de Hokusai revelado: "Quiero que sepas/ que me duelen los dientes/ de tanto morder el tiempo/ No quiero más sueños/ quiero que me sueñes".

Llega la tempestad y todo se borra. El místico encierro da la señal, cara escondida en la arena, sin ver la luz y con la memoria perdida y "como si ya no existieras". Desolación del mar, problema y enigma de la poesía. Fuente y refugio, aquí tiene su abrigo.

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Sobre el autor

Francisco Javier Pérez

Profesor universitario. Lexicógrafo, historiador de la lingûística y ensayista de temas literarios.

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