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Bello y la libertad

Andrés Bello / Ilustración realizada por Francisco Maduro

Andrés Bello / Ilustración realizada por Francisco Maduro

Sin creerse un adalid de la libertad, a contracorriente de la mayoría de sus contemporáneos, Andrés Bello fue ayer, y lo es hoy, un símbolo de unión entre las naciones del continente. Crea nexos indestructibles que nada tienen que ver con las ideologías políticas, sino que, al contrario, son asunto de cultura y estética, bienes permanentes del hombre, ajenos a toda contingencia y a cualquier rédito de fugaces intereses.

Quiere que los pueblos se hermanen en la lengua y por ella. Confía en que el idioma y su buen trato con él vengan a convertirse en factor de amplia solidaridad. Está seguro de que el estudio del lenguaje reportará tanto bien que gracias a él podremos comenzar a entendernos ciudadanos de una patria grande y sin límites, nación de prodigios gestados por la palabra, al punto de asociarnos con todo aquél, en independencia de credos y razas, que hable la lengua y que la entienda como medio providencial de comunicación y fragua del mundo.

Hechura del hombre por su lenguaje y acción de bondad proyectada en el acto de expresar ideas y afectos y de fundar el mundo gracias a las unas y los otros.

Estos empeños por comprender a Bello y por divulgarlo en clave de actualidad son los que motivaron la publicación Gramática de la libertad. Textos sobre lengua y literatura (Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, 2013), una antología compilada por los eruditos bellistas chilenos Iván Jaksic, Fernando Lolas y Alfredo Matus Olivier.

El imprescindible volumen demuestra que "el lenguaje era, para Bello, un mecanismo de orden, que buscaba establecer tanto en los ámbitos nacional e internacional, como en el individual" y que "el dominio del idioma constituía un puente hacia las tradiciones más antiguas, sobre todo en literatura". Ofrece "una perspectiva más filosófica y ética, una flecha dirigida hacia los más altos niveles de reflexión y adquisición de conocimiento". El lenguaje (para Bello) "representaba un medio de contacto directo con los más grandes logros del pensamiento y de las humanidades, de modo que el ciudadano no utilizara su lengua como un mero instrumento de participación pública, sino que contara con un tesoro para la dirección de su vida y la realización de sus aspiraciones".

Organizador de la cultura (de la vida toda, entonces), Bello conseguirá no solamente, y esto hubiera sido ya un logro enorme, proponer una nueva gramática con destino a las naciones americanas, sabedoras de una libertad que todavía no entendían del todo (como insistiera Baralt), sino, rotundamente, concebir toda su obra de vocación por el idioma como gramática de la libertad: una sintaxis espiritual para lograr el funcionamiento sistemático de las ideas libres y de las actuaciones libres. Gramática de la lengua como gramática de las naciones que se estrenan en (y que estrenan) el ejercicio del hombre pleno y a plenitud.

Una lectura de cultura que rebasa lo lingüístico para alcanzar la auténtica cima del legado colosal: anhelo de libertad más allá de su comprensión y seña de esperanza más allá de la miseria. Bello y la libertad tendrá que ser el gran tema bellista de los tiempos venideros. El hombre libre encarnado y promovido por él. Lengua y lingüística como reflejo de estos deseos.

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Sobre el autor

Francisco Javier Pérez

Profesor universitario. Lexicógrafo, historiador de la lingûística y ensayista de temas literarios.

Histórico